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10 Sep, 2010 - 08:26    
ARQUIDIÓCESIS DE CUENCA - ECUADOR

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Testigos de la Esperanza: DON JULIO ROMERO Y SU CARISMA CRISTIANO

Enviado por: admin en Lunes, 08 Febrero, 2010 - 12:00 Imprimir Versión imprimible  Enviar Enviar esta historia a un amigo
Curia de Cuenca

Lcdo. Enrique Vacacela

Don Julio Romero Jarrín, nació en el Cantón Pedro Moncayo, Pichincha, en agosto de 1932. Durante sus años jóvenes trabajó como distribuidor de gaseosas, pasó por el ejército y la policía. Fue comerciante, zapatero y tendero. Se casó con Julia Castro Guerrero, prima de su compañero de tropa de la conscripción, Victor Manuel, oriundo de El Valle, Cuenca.

A partir de 1987, año en el cual se radica definitivamente en la parroquia El Valle, inicia su relación con el Movimiento Juan XXIII, que efectuaban tareas pastorales en esta zona rural. Dos años más tarde participó en un retiro espiritual, el número tres del grupo, donde hizo la promesa de servir a Dios y a la hermanad eclesial. En entrevista concedida para la página “Comunidad”, obtuvimos estos datos:

¿Antes de vivir en Cuenca donde vivió y que actividad realizó?

Fui monaguillo a los 8 años, en mi tierra natal, durante 3 años. Salí de Quito en 1954 con el pase hasta el cantón  Girón, Azuay, para hacer la conscripción. Luego pasé a Compañía de Transmisiones Nº 3, en Cuenca. En esta ciudad conocí a Julia, con quien me casé a los 7 meses de noviazgo. Los últimos años del cincuenta, pedí la baja del Ejército porque me dieron el pase al Oriente.

Al salir del Ejército ¿qué hizo?

Un tiempo me fui a vivir a Quito, por pedido de mis familiares. En la capital ingresé a la Policía, en el año 1960. Elegí la plaza de Cuenca como mi primer trabajo en la institución policial, específicamente, en las tareas urbanas, tránsito y de inteligencia en la OIC. Luego de 7 años de actividad renuncié por inconvenientes con mis superiores.

Una vez más sin trabajo ¿a qué se dedicó?

Trabajé como zapatero, en Cuenca. Luego me radiqué en Huaquillas, El Oro, para dedicarme al comercio de ropa. Al enfermar, me trasladé a Quito, y una vez curado puse una tienda de abarrotes. Luego de 12 años, por pedido de mi suegra Victoria Guerrero, regresé a Cuenca, para radicarme en la parroquia El Valle, de donde es oriunda mi esposa.

¿Cómo fue su vinculación con el Movimiento Juan XXIII?

Fue por iniciativa de mi concuñada Edit López, quien me invitó a participar en un retiro espiritual que se desarrolló en Cuenca. Fue tan maravillosa esta nueva etapa de mi vida que al concluir el evento hice la promesa de servir a Dios y a mis semejantes, formando parte del Movimiento Juan XXIII.

¿Cuál fue el siguiente paso?

Con ocho compañeros del movimiento formamos el primer grupo del Movimiento Juan XXXIII en la parroquia el Valle. Después empezamos nuestro trabajo de evangelización por las zonas donde no había el servicio espiritual, bajo la dirección del Padre Darío Espinosa. Principalmente en los tiempos litúrgicos fuertes: Octubre, durante las fiestas de san Judas Tadeo; septiembre en el Jubileo, en  Navidad y Semana Santa y en otros espacios donde nos ha necesitado el Párroco.

Don Julio Romero en sus actividades
de Síndico y Ministro en El Valle

Usted ha tenido varios tropiezos en su salud; pero nunca ha dejado la actividad pastoral.

Desde que ya no puedo caminar tan ágilmente me dediqué a las tareas dentro de la Iglesia; desde la limpieza hasta la preparación de las liturgias. Al jubilarse el Padre Darío, continué mi actividad con el Padre Bolívar Jiménez.

¿Desde cuándo desempeña las funciones de Síndico?

Desde hace un año y tres meses, por pedido del Padre Bolívar. También fui instituido Ministro de la Comunión, una vez que culminé un arduo curso de formación. Como síndico me encargo del cuidado del templo y de las contribuciones de los fieles; en cambio, como Ministro arreglo el altar y los diferentes ornamentos que usa el sacerdote para la misa.    

Don Julio ahora tiene 78 años pero aún no ha perdido su sentido del humor, su elegancia, su transparencia y su promesa de servir a Dios y al prójimo. Todos los días, desde muy temprano, atiende su pequeña tienda, ubicada en la subida del camino a Santa Ana.



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