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Enviado por: admin en Martes, 02 Febrero, 2010 - 11:23
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Martha Lamine
Rev. "Inquietud Nueva" |
Nuestros bolsillos no son los únicos afectados por la situación económica del país. Ojalá todo quedara en un “no puedo comprarlo”. Lo cierto es que se nos ha hecho creer que sin comprar no se puede vivir y esa falsa idea afecta el estado de ánimo de las personas, sus relaciones interpersonales y hasta su salud.
Por experiencia sabemos que el comprar productos, estrenar derrochar dinero nos hace sólo momentáneamente “felices y poderosos”, pues, nuestra sed de paz y seguridad no queda satisfecha. Las cosas verdaderamente valiosas no se pueden comprar.
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A pesar de no encontrar la verdadera felicidad en las cosas materiales, la mayoría de las personas continúa viviendo como títeres de un gran sistema, en el que lo importante es el capital y no la persona humana.
Las personas incapaces de pagar sus deudas, de sostener sus hogares y cierto estilo de vida, sufren alteraciones en su conducta. La falacia: “Vales por lo que tienes” favorece la frustración, las personas se irritan con facilidad o pueden volverse silenciosas y aisladas. La salud de los que no tienen suficiente también se ve afectada. Pierden el apetito, el sueño y la paz interior y enfrentan otro tipo de dificultades.
Pero el hombre no nació para vivir inmerso en tal inquietud. El Evangelio de San Mateo nos recuerda las palabras de Jesús: “No anden tan preocupados ni digan: ¿tendremos alimentos… qué beberemos… qué vestiremos? Los que no conocen a Dios se afanan por esas cosas, pero el Padre de ustedes sabe que necesitan todo eso”.
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La vida de austeridad nos da mayor libertad
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Dios es providente, pero espera de nosotros una actitud austera que nos lleve a vivir de forma sobria, que nos haga descubrir lo verdaderamente valioso. Recordemos que vivir austeramente nos permite ser libres, mantener el control de la situación económica, sostener buenas relaciones interpersonales y vivir dignamente. |
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