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Monseñor Luis Cabrera Herrera, ofm
Arzobispo de Cuenca
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En cada momento de nuestra vida, debemos tomar decisiones. Algunas, son muy importantes, como cuando se trata de elegir un estilo de vida, una profesión, el cambio de casa, el uso de dinero, etc.
La fe cristiana nos enseña que, en nuestras decisiones, contamos también con la ayuda de Dios. Pero nos preguntamos: ¿cómo se hace presente?
Dios, generalmente, nos manifiesta su voluntad a través de sus mandamientos, de su Espíritu, del sentido común, de los consejos de los santos y de los acontecimientos.
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De los mandamientos. Dios nos revela lo que quiere para nosotros en el Sagrada Escritura. En ella encontramos algunas normas de conducta para guiarnos en nuestras relaciones con las personas y las cosas. Los mandamientos del Señor entonces nos dicen, por ejemplo, que debemos ser justos, hablar la verdad, ser honestos, compartir con los demás, etc.
De su Espíritu. La ayuda de Dios también es personal. Su Espíritu desciende y habita en nuestro interior. Lo importante es aprender a escuchar su voz, como la oveja a su pastor o una persona a su amigo. Cuanto más conozcamos al Espíritu, más fácil nos será reconocer su voz en cada circunstancia. El Espíritu, por otra parte, nos habla preferentemente en la oración. En ella, el Señor suele suscitar pensamientos y sentimientos que, por supuesto, deben ser confrontados con lo que la Biblia nos dice.
Del Sentido común. El uso de la razón es imprescindible para descubrir lo que Dios quiere. Existe una serie de normas prácticas que nos ayudan a descubrir lo que tenemos que hacer día a día.
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Dios siempre está presente en nuestras decisiones
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El sentido común, también, es de suma importancia para discernir lo que Dios quiere sobre las actividades profesionales. No todos los trabajos son compatibles con la fe cristiana.
De los consejos de los santos. Dios nos habla también a través de los demás. Es necesario, por ello, buscar el consejo prudente y sabio de las personas experimentadas, como los padres, los maestros, los amigos, las personas que gozan de autoridad moral y espiritual. Pero, esto no nos libera de la responsabilidad personal que tenemos ante las grandes decisiones de nuestra vida.
De los acontecimientos. En última instancia, es Dios quien dirige el curso de la vida de cada uno de nosotros. Todo lo que está sucediendo en nuestra historia personal y en la de los demás se transforma en una guía para que descubramos lo que tenemos que hacer.
He aquí las diversas formas cómo Dios nos guía en cada momento de nuestra vida. Lo más importante es reconocer su voz y seguir sus indicaciones.
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