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08 Sep, 2010 - 05:04    
ARQUIDIÓCESIS DE CUENCA - ECUADOR

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Categoría: Cuaresma

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Cuaresma: LA ORACIÓN: UN ASUNTO DEL CORAZÓN

Enviado por: admin en Lunes, 21 Junio, 2010 - 01:04 122 lecturas

+ Luis G. Cabrera, ofm

Arzobispo de Cuenca

No basta hablar DE Dios; es necesario hablar CON Dios.  El gran peligro de los creyentes es transformarse en "expertos" o "profesionales" teóricos de Dios; es decir, en personas que hablan de Él, pero sin encontrar un tiempo y un espacio para estar con Él. Esto sucede también con un padre o una madre que hablan maravillas de sus hijos, pero que no se dan tiempo para estar con ellos. Lo mismo puede pasar entre esposos, amigos o vecinos.

Y es que encontrarse y dialogar con la persona que se ama es una necesidad del corazón. Los que se aman buscan mil maneras para estar juntos, para mirarse y compartir las alegrías y tristezas, sus sueños y realizaciones. El amigo quiere estar con su amigo, el esposo con la esposa, el compañero con su compañero.

La oración, para el cristiano, es uno de los medios privilegiados para encontrarse y dialogar con Dios. Y para encontrarse no hace falta tener muchas razones o argumentos, simplemente hay que amar y dejarse guiar por el corazón. Por algo Jesús se retiraba a las montañas para estar a solas con su Padre. Por eso también nos invita a  cerrar las puertas de nuestra vida y a entrar en el corazón en donde nos espera el Padre.


La oración es un medio privilegiados para dialogar con Dios

La oración, igualmente, es diálogo, es decir, una oportunidad para “hablar y escuchar”. Es importante que hablemos, que le contemos a Dios nuestra historia o situación que vivimos. Pero también es necesario escucharle en silencio y atentamente; solo así podremos saber lo que Él quiere para nosotros, conocer sus proyectos para nuestras vidas. Si no le escuchamos, puede suceder como cuando vamos donde el médico y le contamos nuestras dolencias, pero nos retiramos sin saber su diagnóstico ni traer la medicina apropiada.

A partir de aquí nos es más fácil  resolver algunas cuestiones sobre la oración como, por ejemplo, ¿cuándo orar? La respuesta simplemente es siempre, en todos los momentos o circunstancias de nuestra vida, ya sean estas alegres o tristes. ¿Dónde orar? En todo lugar, en la casa, en la calle, en el templo, en la oficina. ¿Cómo orar? De mil maneras, cada uno tiene que inventarse la forma más adecuada para comunicarse con Dios. El amor siempre es creativo.

En la oración, como en el amor, por lo tanto, debemos dejarnos guiar por el corazón. Ningún pretexto o justificación es válido ante la necesidad imperiosa de encontrarse y dialogar con el Señor.  Sólo los que aman siempre tendrán tiempo para estar a solas con las personas amadas; y la oración no es una excepción.





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Cuaresma: MENSAJE DEL PAPA BENEDICTO XVI PARA LA CUARESMA 2010

Enviado por: admin en Jueves, 18 Febrero, 2010 - 09:51 288 lecturas

MENSAJE DEL PAPA BENEDICTO XVI PARA LA CUARESMA 2010

Queridos hermanos y hermanas:

Cada año, con ocasión de la Cuaresma, la Iglesia nos invita a una sincera revisión de nuestra vida a la luz de las enseñanzas evangélicas. Este año quiero proponeros algunas reflexiones sobre el vasto tema de la justicia, partiendo de la afirmación paulina: La justicia de Dios se ha manifestado por la fe en Jesucristo (cf. Rm 3,21-22).

Justicia: "dare cuique suum"

Me detengo, en primer lugar, en el significado de la palabra "justicia", que en el lenguaje común implica "dar a cada uno lo suyo" - "dare cuique suum", según la famosa expresión de Ulpiano, un jurista romano del siglo III. Sin embargo, esta clásica definición no aclara en realidad en qué consiste "lo suyo" que hay que asegurar a cada uno.

Aquello de lo que el hombre tiene más necesidad no se le puede garantizar por ley. Para gozar de una existencia en plenitud, necesita algo más íntimo que se le puede conceder sólo gratuitamente: podríamos decir que el hombre vive del amor que sólo Dios, que lo ha creado a su imagen y semejanza, puede comunicarle. Los bienes materiales ciertamente son útiles y necesarios (es más, Jesús mismo se preocupó de curar a los enfermos, de dar de comer a la multitud que lo seguía y sin duda condena la indiferencia que también hoy provoca la muerte de centenares de millones de seres humanos por falta de alimentos, de agua y de medicinas), pero la justicia "distributiva" no proporciona al ser humano todo "lo suyo" que le corresponde. Este, además del pan y más que el pan, necesita a Dios. Observa san Agustín: si "la justicia es la virtud que distribuye a cada uno lo suyo... no es justicia humana la que aparta al hombre del verdadero Dios" (De Civitate Dei, XIX, 21).

¿De dónde viene la injusticia?

El evangelista Marcos refiere las siguientes palabras de Jesús, que se sitúan en el debate de aquel tiempo sobre lo que es puro y lo que es impuro: "Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre... Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas" (Mc 7,15. 20-21). Más allá de la cuestión inmediata relativa a los alimentos, podemos ver en la reacción de los fariseos una tentación permanente del hombre: la de identificar el origen del mal en una causa exterior. Muchas de las ideologías modernas tienen, si nos fijamos bien, este presupuesto: dado que la injusticia viene "de fuera", para que reine la justicia es suficiente con eliminar las causas exteriores que impiden su puesta en práctica. Esta manera de pensar ­advierte Jesús­ es ingenua y miope. La injusticia, fruto del mal, no tiene raíces exclusivamente externas; tiene su origen en el corazón humano, donde se encuentra el germen de una misteriosa convivencia con el mal. Lo reconoce amargamente el salmista: "Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre" (Sal 51,7). Sí, el hombre es frágil a causa de un impulso profundo, que lo mortifica en la capacidad de entrar en comunión con el prójimo. Abierto por naturaleza al libre flujo del compartir, siente dentro de sí una extraña fuerza de gravedad que lo lleva a replegarse en sí mismo, a imponerse por encima de los demás y contra ellos: es el egoísmo, consecuencia de la culpa original. Adán y Eva, seducidos por la mentira de Satanás, aferrando el misterioso fruto en contra del mandamiento divino, sustituyeron la lógica del confiar en el Amor por la de la sospecha y la competición; la lógica del recibir, del esperar confiado los dones del Otro, por la lógica ansiosa del aferrar y del actuar por su cuenta (cf. Gn 3,1-6), experimentando como resultado un sentimiento de inquietud y de incertidumbre. ¿Cómo puede el hombre librarse de este impulso egoísta y abrirse al amor?

Justicia y Sedaqad

En el corazón de la sabiduría de Israel encontramos un vínculo profundo entre la fe en el Dios que "levanta del polvo al desvalido" (Sal 113,7) y la justicia para con el prójimo. Lo expresa bien la misma palabra que en hebreo indica la virtud de la justicia: sedaqad,. En efecto, sedaqad significa, por una parte, aceptación plena de la voluntad del Dios de Israel; por otra, equidad con el prójimo (cf. Ex 20,12-17), en especial con el pobre, el forastero, el huérfano y la viuda (cf. Dt 10,18-19). Pero los dos significados están relacionados, porque dar al pobre, para el israelita, no es otra cosa que dar a Dios, que se ha apiadado de la miseria de su pueblo, lo que le debe. No es casualidad que el don de las tablas de la Ley a Moisés, en el monte Sinaí, suceda después del paso del Mar Rojo. Es decir, escuchar la Ley presupone la fe en el Dios que ha sido el primero en "escuchar el clamor" de su pueblo y "ha bajado para librarle de la mano de los egipcios" (cf. Ex 3,8). Dios está atento al grito del desdichado y como respuesta pide que se le escuche: pide justicia con el pobre (cf. Si 4,4-5.8-9), el forastero (cf. Ex 20,22), el esclavo (cf. Dt 15,12-18). Por lo tanto, para entrar en la justicia es necesario salir de esa ilusión de autosuficiencia, del profundo estado de cerrazón, que es el origen de nuestra injusticia. En otras palabras, es necesario un "éxodo" más profundo que el que Dios obró con Moisés, una liberación del corazón, que la palabra de la Ley, por sí sola, no tiene el poder de realizar. ¿Existe, pues, esperanza de justicia para el hombre?

Cristo, justicia de Dios

El anuncio cristiano responde positivamente a la sed de justicia del hombre, como afirma el Apóstol Pablo en la Carta a los Romanos: "Ahora, independientemente de la ley, la justicia de Dios se ha manifestado... por la fe en Jesucristo, para todos los que creen, pues no hay diferencia alguna; todos pecaron y están privados de la gloria de Dios, y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús, a quien exhibió Dios como instrumento de propiciación por su propia sangre, mediante la fe, para mostrar su justicia (Rm 3,21-25).

¿Cuál es, pues, la justicia de Cristo? Es, ante todo, la justicia que viene de la gracia, donde no es el hombre que repara, se cura a sí mismo y a los demás. El hecho de que la "propiciación" tenga lugar en la "sangre" de Jesús significa que no son los sacrificios del hombre los que le libran del peso de las culpas, sino el gesto del amor de Dios que se abre hasta el extremo, hasta aceptar en sí mismo la "maldición" que corresponde al hombre, a fin de transmitirle en cambio la "bendición" que corresponde a Dios (cf. Ga 3,13-14). Pero esto suscita en seguida una objeción: ¿qué justicia existe dónde el justo muere en lugar del culpable y el culpable recibe en cambio la bendición que corresponde al justo? Cada uno no recibe de este modo lo contrario de "lo suyo"? En realidad, aquí se manifiesta la justicia divina, profundamente distinta de la humana. Dios ha pagado por nosotros en su Hijo el precio del rescate, un precio verdaderamente exorbitante. Frente a la justicia de la Cruz, el hombre se puede rebelar, porque pone de manifiesto que el hombre no es un ser autárquico, sino que necesita de Otro para ser plenamente él mismo.

Convertirse a Cristo, creer en el Evangelio, significa precisamente esto: salir de la ilusión de la autosuficiencia para descubrir y aceptar la propia indigencia, indigencia de los demás y de Dios, exigencia de su perdón y de su amistad.

Se entiende, entonces, como la fe no es un hecho natural, cómodo, obvio: hace falta humildad para aceptar tener necesidad de Otro que me libere de lo "mío", para darme gratuitamente lo "suyo". Esto sucede especialmente en los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía. Gracias a la acción de Cristo, nosotros podemos entrar en la justicia "más grande", que es la del amor (cf. Rm 13,8-10), la justicia de quien en cualquier caso se siente siempre más deudor que acreedor, porque ha recibido más de lo que podía esperar.

Precisamente por la fuerza de esta experiencia, el cristiano se ve impulsado a contribuir a la formación de sociedades justas, donde todos reciban lo necesario para vivir según su propia dignidad de hombres y donde la justicia sea vivificada por el amor.

Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma culmina en el Triduo Pascual, en el que este año volveremos a celebrar la justicia divina, que es plenitud de caridad, de don y de salvación. Que este tiempo penitencial sea para todos los cristianos un tiempo de auténtica conversión y de intenso conocimiento del misterio de Cristo, que vino para cumplir toda justicia. Con estos sentimientos, os imparto a todos de corazón la bendición apostólica.

 

BENEDICTUS PP. XVI





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Cuaresma: Viernes Santo: procesión solemne

Enviado por: marcelo en Viernes, 07 Abril, 2006 - 09:23 1742 lecturas

Como es habitual, desde hace muchos años atrás se realiza el día de Viernes Santo una solemne procesión nocturna en este día en que la cristiandad conmemora la muerte de Jesús.

Los fieles se congregan en el templo parroquial de San Blas y luego del santo rosario salen en procesion a las ocho de la noche (20h00) portando las imágenes de Jesús crucificado y de la Virgen María. Avanzan a todo lo largo de la calle Bolívar en dirección a la Catedral recitando las estaciones del viacrucis y entonando cánticos penitenciales.

Son los movimientos laicales los que organizan este recorrido y al llegar a la Catedral se hace una solemne oración e inspirada homilia.

Invitamos a los fieles católicos a realizar esta marcha de fe y oración. Les pedimos como es costumbre porten radios portátiles y sintonicen las ondas de Radio Católica para acompañar las audiciones de rezos y cantos.


(Clic aquí para ir a la sección dedicada a la SEMANA SANTA 2006)





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Cuaresma: CELEBRACIONES LITURGICAS DE SEMANA SANTA

Enviado por: admin en Jueves, 06 Abril, 2006 - 11:22 2767 lecturas
CELEBRACIONES LITÚRGICAS DE SEMANA SANTA 2006

En esta Semana Santa cada parroquia ha preparado un calendario especial de celebraciones, además del horario normal de misas dominicales. Se invita cordialmente a los católicos a participar de estos actos religiosos en la Catedral de la Inmaculada o en su respectiva parroquia. Particularmente, se invita a los ministros laicos a participar de la Misa Crismal, el Jueves Santo por la mañana.


(Clic aquí para ir a la sección dedicada a la SEMANA SANTA 2006)

 

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CELEBRACIONES LITÚRGICAS DE SEMANA SANTA

2006

PARROQUIAS
DOMINGO DE RAMOS
JUEVES SANTO:
CENA DEL SEÑOR
VIERNES SANTO:
PASIÓN Y MUERTE
SABADO SANTO:
VIGILIA PASCUAL
CATEDRAL DE LA INMACULADA
11H00
Misa Crismal 9H00
15H00
 
CATEDRAL DE LA INMACULADA
 
Cena Señor 19H00
Via Crucis 20H00
20H00
SAN FRANCISCO
11H00
18H30
15H00
18H30
SAN SEBASTIAN
8H00
19H00
15H00
21H00
SAN JOSE DEL VECINO
7H00
19H00
17H00
20H00
SAN ROQUE
9H00
20H00
15H00
20H00
EL VERGEL
9H00
18H00
15H00
19H00
MARIA AUXILIADORA
9H00
19H00
15H30
19H00
SAN ALFONSO
11H30
17H00
15H00
19H00
EL CENACULO
7H00
19H00
15H00
19H00
LA MERCED P.P. OBLATOS
7H30
19H00
15H00
19H00
NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN
6H30
19H00
15H00
19H00
DOMINGO SAVIO
9H00
19H00
15H00
20H00
SAN JUAN BOSCO
9H00
20H00
15H00
20H00
MARIA REINA DE LA PAZ
9H00
19H00
15H00
21H00
CRISTO SALVADOR
10H30
19H00
15H00
19H00
SANTA TERESA DE MONAY
9H00
19H30
15H00
21H00
SANTA MARIANITA DEL ARENAL
8H00
18H00
15H00
20H00
SAN LUIS DE GONZAGA
8H00
19H00
15H00
00H00
CORAZON DE JESUS
7H00
19H00
15H00
19H00
HERMANO MIGUEL
9H00
19H30
15H00
23H00
CARMEN DE SIDCAY
8H00
19H30
16H00
20H00
SAN BLAS
9H00
19H00
15H00
20H00
CHILCAPAMBA
9H30
19H30
15H00
21H30
FATIMA
9H30
20H00
17H00
22H00
CRISTO DEL CONSUELO
11H00
19H00
15H00
23H00
SAN JOSE DE BALZAY
9H00
20H00
15H00
20H00
MIRAFLORES
8H00
20H00
15H00
19H00
NARANCAY
10H00
19H00
15H00
22H00
La procesión del Viernes Santo se realizará a partir de las 20H00, desde San Blas para terminar en la Catedral

 





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Cuaresma: El tiempo Litúrgico de la Cuaresma

Enviado por: admin en Martes, 07 Marzo, 2006 - 12:01 1614 lecturas

Padre Francisco Calle
Comisión de Liturgia

EL TIEMPO LITÚRGICO DE LA CUARESMA

El tiempo de la Cuaresma está caracterizado por ser un momento de búsqueda incesante y de participación más intensa del cristiano en la obra redentora de Cristo realizada para los hombres. Es un tiempo de preparación indispensable, que enciende en el cristiano el deseo de ir al encuentro del gran día de la salvación, que viene en la solemnidad de la pascua de Cristo; en esta luz, que le viene del misterio pascual, se comorende el verdadero significado de la Cuaresma.

CONFIGURACION DEL TIEMPO CUARESMAL EN LA HISTORIA

La pascua, que desde el principio se movía hacia delante, uniéndose con Pentecostés en una sola fiesta, comenzó también a dar importancia al tiempo que le precedía, creando el tiempo pre-pascual, destinado a prepararse espiritualmente para el gran misterio. Los primeros esbozos se dan a principio del siglo IV en la misma época en que S. Atanasio, entre el 330 y el 347, en sus cartas pascuales, y S. Cirilo de Jerusalén en la Pro-catequesis y en las Catequesis mistagógicas 4,3, habla de ella como de algo ya conocido. Lo mismo puede decirse de Eusebio, en su De solemnitate paschali 4-5, que es anterior en algunos años a los dos precedentes. Para Occidente, los testimonios directos son sólo de fines del siglo IV; entre ellos está el de Egeria para España y la Galia meridional; la de S. Ambrosio para Milán y de S. Agustín para África.

Hasta principios del siglo IV, la única semana de ayuno era la que precedía a la pascua (palmas-pascua). A mediados del siglo IV -tal vez debido a la influencia de S. Atanasio de Alejandría, exiliado y residente en Roma durante algún tiempo- aparece un ayuno de tres semanas, añadido al de la semana pascual (palmas). Por lo tanto, el ayuno pascual comenzaba con la actual tercera semana de Cuaresma y comprendía un conjunto de cuatro semanas. El primero de estos domingos se llama “in trigésima” (= 30 días de pascua); el tercero se llama “in mediana” (= a mitad), ya que de hecho faltan 15 días (mitad de 30) para pascua, como anuncian también las fórmulas litúrgicas de esos días: “dentro de 14 días, por la tarde, inmolaréis el Cordero y dentro de 15 días celebraréis la fiesta”. La semana “in trigésima” (la primera del ayuno pascual) comienzan los escrutinios de los bautizados.

Pero una preparación pascual, hecha de este modo, no podía dejar de referirse, como la oriental, a los ejemplos de Moisés y Elías y sobre todo de Cristo, o sea, a los 40 días del desierto; por otra parte, parece ser que el desarrollo penitencial había introducido el uso de inscribir a los pecadores en la penintencia pública 40 días antes de la pascua. De este modo se creó un “Cuadragésima” (Cuaresma), que venía a caer el VI domingo antes de pascua y que se llamó precisamente “Dominica in Quadragésima”. Pero al mismo tiempo, al no poder celebrar un rito penitencial – como la inscripción de los pecadores en el rito de la penitencia- en domingo, se traslada al miércoles anterior (miércoles de ceniza), que como cada miércoles era día “estacional” y, por lo tanto, de ayuno. Pero a continuación – dado este precedente de la penitencia pública y probablemente bajo el influjo de Oriente – se quiso añadir una semana más de ayuno. Así nació la Quincuagésima (aunque este nombre sólo aparece más tarde, entre el siglo VI y el VII).

Los nombres de “Trigésima” y de “Cuadragésima” no significan, de hecho, ni 30 ni 40 días de ayuno, por que al cómputo hay que quitarle los 4 (trigésima) y los domingos (cuadragésima), dado que estos días no se ayunaba; sólo señalaban que faltaba alrededor de 30/40 días para la pascua. Los días que faltaban se añadieron tomándolos de la semana precedente a la “Quadragésima”, y así fueron 40 días efectivos de ayuno.

Lo cierto es que, el período cuaresmal, a partir del siglo VII estaba caracterizado por la misa cotidiana, con lo cual se daba, a la vida cristiana, una atención particular. El elemento relevante de este tiempo es la penitencia, dando importancia sobre todo al ayuno cuaresmal; pero el carácter penintencial entendido, no como una simple ascética, sino como verdadera participación interior a la pasión de Cristo, Es decir, la penitencia es considerada siempre como una elevación a un plano de superior eficacia, uniéndola sacramentalmente al misterio de las misma pasión de Cristo, existente y obrante en la misa.

LA CUARESMA, CAMINO HACIA LA PLENITUD DE VIDA EN CRISTO PASCUAL

El periodo pascual no se puede reducir a un simple tiempo penitencial, en el que, con una espiritualidad ascética, el cristiano busque una purificación interior fundad en sus propias fuerzas; que la intención de la liturgua correspondiente a este tiempo, entendida como periodo penintencial y al estar en relación con la paricipación de la pasión de Cristo, va más allá de la voluntad humana. La observancia de la Cuaresma tiende por un íntimo impulso a perparar a la unión con Cristo, que es posible sólo a través del sacramento. medio potente de comunicación de vida divina a las almas, y no sólo a las individuales, sino a la totalidad de la Iglesia. El sol de pascua que ordena y sostiene los movimientos vitales de la Oglesia, en modo particular, ilumina la austeridad purificadora del tiempo santo por excelencia, llamados días de salvación.

La Cuaresma, de hecho, entra, a su modo, en el cicli pascual, ciclo que se agota en una potente trasfusión de vida sobrantural en la Iglesia. Digamos a modo suyo, porque el misterio pascual, como está encuadrado en la liturgia cuaresmal, pone en juego para expresarse así sólo un lado: la pasión. Pero la tragedia de la cruz vuelve a entrar en la Cuaresma, no sólo como un cuadro proyectado delante para la contemplación de nuestras almas, ni siquiera pretende ser un simple altísimo modelo para imitar, sino que quiere, sobre todo, ser algo que nosotros los hagamos nuestro a través de una participación interior e íntima, que la penitencia prepara y que la misa realiza. La misa no es accidental a la Cuaresma; ella quiere ser un ejercicio esencialmente cristiano; la miesa cuaresmal esuna real y necesario factor místico, para que también la Cuaresma se convierta en medio de participación más alto, más pura vida celeste.

LA CUARESMA, TIEMPO DE BATALLA ENTRE LA LUZ Y LA TINIEBLAS

En este delinear el objetivo cuaresmal se releva, sobre todo, la participación del bautizado a la vida divina, entendida como movimiento activo-progresivo, haciendo renacer cada día la vida de Cristo, hasta alcanzar la plenitud en la resurrección. La vida de Cristo, en el tiempo cuaresmal, se presenta como lucha, coo pasión, como muerte, donde el enemigo se acerca y tienta; este tiempo se convierte no en una fría expectación pragmática, sino en una verdadera batalla entre la luz y las tinieblas, que irá creciendo en intensidad hasta llegar al viernes santo, pero teniendo siempre presente que, en esta lucha contra el enemigo, es Cristo, unido a su cuerpo la Iglesia, quien combate. Nosotros nos somos simples espectadores de la sobrehumana lucha entre la luz y las tinieblas; se agita en el corazón de cada uno de nosotros: en el alma es Cristo quien combate con Satanás, o mejor, nosotros mismos, como miembros de Cristo místico, tomamos parte de este combate. Nosotros, vencedores, podremos cantar, junto con Cristo nuestra cabeza, el aleluya pascual; pero la victoria no la alcanzaremos sino con la muerte y la crucifixión del hombre terreno. En tal modo, nosotros viviremos en la Cuaresma la pasión del Señor.

La inteligencia del misterio de Cristo... nos hace acercarnos a la Cuaresma con el deseo de la posibilidad de realizar de una vez más en nosotros aquella preparación indispensable de participar a la gloria de la pascua.

Nuestro ayuno no será entonces triste, sino, ara seguir la expresión del divino Maestro, perfumaremos nuestra cabeza. A la mortificación exterior uniremos las internas de las pasiones y de los vicios. Llevaremos en nosotros la muerte, pero en la esperanza, que pronto se transformará en vida. Es como cierra el sakmo 90, salmo cuaresmal por excelencia. Estes es el contenido de la espiritualidad litúrgica de la Cuaresma, recalcando el misterio de Cristo y de la Iglesia, es decir, momento en que la obra de Cristo se convierte en obra de sus miembros, que juntos sufrirán la batalla hasta alcanzar la victoria en el Reino del Padre, que resplandece en el misterio pascual. Este misterio de Cristo se renueva cada año a través de su pasión. Es en este círuclo de oro en el cual viene encerrada la existencia de cada cristiano, hasta el momento de la pascua eterna. No separemos la Cuaresma de la pascua, no hagamos una grandeza en sí misma. Ella es ya el alba de la resurrección.





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Cuaresma: El inicio de la Cuaresma

Enviado por: admin en Martes, 07 Marzo, 2006 - 10:44 1519 lecturas

Padre Francisco Calle
Comisión de Liturgia

EL INICIO DE LA CUARESMA: Miércoles de Ceniza

La imposición de las cenizas nos recuerda que nuestra vida en la tierra es pasajera y que nuestra vida definitiva se encuentra en el Cielo.

La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y es un tiempo de oración, penitencia y ayuno. Cuarenta días que la Iglesia marca para la conversión del corazón.

Las palabras que se usan para la imposición de cenizas, son:

“Concédenos, Señor, el perdón y haznos pasar del pecado a la gracia y de la muerte a la vida”
“Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás”
“Arrepiéntete y cree en el Evangelio”

Origen de la Costumbre

Antiguamente los judíos acostumbraban cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como signo de su deseo de conversión de su mala vida a una vida con Dios.

En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un “hábito penitencial”. Esto representaba su voluntad de convertirse.

En el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos y desde el siglo XI, la Iglesia de Roma acostumbra poner las cenizas al iniciar los 40 días de penitencia y conversión.

Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos del año anterior. Esto nos recuerda que lo que fue signo de gloria pronto se reduce a nada.

También, fue usado el período de Cuaresma para preparar a los que iban a recibir el Bautismo la noche de Pascua, imitando a Cristo sus 40 días de ayuno.

La imposición de ceniza es una costumbre que nos recuerda que algún día vamos a morir y que nuestro cuerpo se va a convertir en polvo.

Nos enseña que todo lo material que tengamos aquí se acaba. En cambio, todo el bien que tengamos en nuestra alma nos lo vamos a llevar a la eternidad. Al final de nuestra vida, sólo nos llevaremos aquello que hayamos hecho por Dios y por nuestro hermanos los hombres.

Cuando el sacerdote nos pone la ceniza, debemos tener una actitud de querer mejorar, de querer tener amistad con Dios. La ceniza se le impone a los niños y a los adultos.

Significado del Carnaval al inicio de la Cuaresma

La palabra carnaval significa adiós a la carne y su origen se remonta a los tiempos antiguos en los que por falta de métodos de refrigeración adecuados, los cristianos tenían la necesidad de acabar, antes de que empezara la Cuaresma, con todos los productos que no se podían consumir durante ese período (no sólo carne, sino también leche, huevo, etc.)

Con este pretexto, en muchas localidades se organizaban el martes anterior al miércoles de ceniza, fiestas populares llamadas carnavales en los que se consumían todos los productos que se podrían echar a perder durante la cuaresma.

Muy pronto se empezó a degenerar el sentido del carnaval, convirtiéndose en un pretexto para organizar grandes comilonas y para realizar también todos los actos de los cuales se “arrepentirán” durante la cuaresma, enmarcados por una serie de festejos y desfiles en los que se exaltan los placeres de la carne de forma exagerada.

El ayuno y la abstinencia

El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno consiste en hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre.

La Oración

La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos cambiar de nuestro interior. Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja de Dios. Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra vida. Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios y la dulce y amorosa exigencia de su voluntad.

Para que nuestra oración tenga frutos, debemos evitar los siguiente:

La hipocresía: Jesús no quiere que oremos para que los demás nos vean llamando la atención con nuestra actitud exterior. Lo que importa es nuestra actitud interior.

La disipación: Esto quiere decir que hay que evitar las distracciones lo más posible. Preparar nuestra oración, el tiempo y el lugar donde se va a llevar a cabo para podernos poner en presencia de Dios.

La multitud de palabras: Esto quiere decir que no se trata de hablar mucho o repetir oraciones de memoria sino de escuchar a Dios. La oración es conformarnos con Él; nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestras necesidades. Por eso no necesitamos decirle muchas cosas. La sinceridad que usemos debe salir de lo profundo de nuestro corazón porque a Dios no se le puede engañar.

El sacrificio: Al hacer sacrificios, debemos hacerlos con alegría, ya que es por amor a Dios. Si no lo hacemos así, causaremos lástima y compasión y perderemos la recompensa de la felicidad eterna. Dios es el que ve nuestro sacrificio desde el cielo y es el que nos va a recompensar. El sacrificio, es preciso dulcificarlo con un amor grande a Dios. El dolor nos engrandece cuando sabemos sobrellevarlo.

La Virgen María en su vida tuvo que llevar a cabo muchos sacrificios y lo hizo con mucha alegría y amor a Dios.





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