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Categoría: Desde la HistoriaLos artículos publicados en esta categoría son los siguientes.
Enviado por: admin en Lunes, 15 Febrero, 2010 - 12:00
163 lecturas
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Todos aspiramos tener algo en la vida, esto es normal y justo: una vivienda digna, un terreno donde sembrar, una profesión y un trabajo estable. Pero caemos en la trampa del “tener para ser”, es decir, “tanto tienes, tanto vales”. He ahí el problema, pues en esa concepción la riqueza se convierte en injusticia y opresión: ésta es acaparada por pocos y el poder de éstos oprime. ¡Cómo quisiera que hubieran ricos como los mencionados en los Evangelios!: Mateo (Mt. 9,9), Juana, Susana, Zaqueo (Lc. 8,3; 19,1-10) y como el personaje de esta historia.
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UN RICO LLAMADO JOB
Había en un país un rico llamado Job. Dios le había bendecido con muchos bienes y tenía mucha gente trabajando para él. Job tenía conciencia de dónde provenía su fortuna y decía que al ser una bendición de Dios debía ser administrada con justicia. Ningún familiar ni colaborador quedaba al margen de su trato justo; cuando los particulares solicitaban ayuda no se hacía esperar. Llegó a ser el más rico de su país y se preguntaba por qué Dios le bendecía tanto.
Un día apareció en su casa un hombre andrajoso, flaco y pálido. Le recibió en la sala donde a ricos y pobres los atendía por igual. Le preguntó qué le traía por el lugar. El hombre le manifestó que venía de un país donde una sequía les había dejado en la ruina y estaban sin comida y enfermos. Job al escuchar la historia se llenó de alborozo y levantando las manos al cielo, exclamó: ¡Gracias Señor y Dios mío, ahora comprendo por qué me has bendecido con tanta fortuna. Tú conoces, Señor, mi corazón...! Con gran alegría, Job, su familia y servidores se pusieron en movimiento, dieron al visitante todo lo que él necesitaba. Fueron con provisiones y medicinas a las comarcas y pueblos a atender a los necesitados. La alegría de Job era grande: consciente del sentido del tener, era la persona más libre y feliz porque se había convertido en hermano de los demás e hijo de Dios.
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 El compartir los bienes es un imperativo cristiano
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Nos queda una lección: Que la riqueza no es para acumularla con egoísmo sino para COMPARTIRLA con los que menos tienen y más necesitan.
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Enviado por: admin en Lunes, 18 Enero, 2010 - 10:30
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Para las iglesias cristianas, las tensiones provocadas por la dispersión y enfrentamiento entre grupos humanos seguidores del Maestro de Nazaret, constituyen un desafío ineludible a la hora de programar la misión de las comunidades de creyentes hoy.
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Recordando el pasado.- Es reconfortante revivir las experiencias ecuménicas que -desde hace un siglo- se vienen promoviendo para encender una luz en vez de lamentarnos por la oscuridad.
Cuando mencionamos la experiencia religiosa del ecumenismo cristiano, no podemos dejar de recordar a dos hermanos en la fe: Paúl James Wattson y Spencer Jones, pertenecientes a la Iglesia Episcopaliana de U.S.A., quienes desde finales del siglo XIX abrieron un camino de unidad.
Sus convicciones evangélicas se cristalizaron en 1908 al promover una semana de oración por la unión de los cristianos entre el 18 y 25 de enero. Esta iniciativa, iniciada con una experiencia de oración fraterna y solidaria, arraigó en la conciencia de las iglesias que, para el año 1910, la Conferencia Misionera Mundial reunida en Edimburgo, capital de Escocia, lo integró a su programa ecuménico con la promoción de un serio diálogo teológico y con la búsqueda de consensos para afrontar comunes tareas misioneras en medio de nuestros pueblos.
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 El Papa Paulo VI en una jornada ecuménica
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Misión Ecuménica de hoy en Latinoamérica
En junio de 2010 se celebrará en la misma capital escocesa el centenario de dicha Conferencia Misionera. Se darán cita los miembros de la Comisión Fe y Constitución del Consejo Mundial de Iglesias y del Pontificio Consejo para la promoción de la unidad de los cristianos.
Edimburgo dio un primer paso profético en 1910. Hoy las iglesias cristianas y los nuevos movimientos religiosos de A.L. y El Caribe sentimos que el Evangelio no es un lujo en nuestra Patria Grande herida por los contrastes económicos, sociales, culturales; la violencia, la corrupción, las mafias, el calentamiento global, etc. frente a los cuales los discípulos de Cristo no podemos anunciar el Evangelio con voces discordantes.
La plegaria de Jesús en la Ultima Cena: “Padre, que todos sean uno”, exige a las iglesias cristianas y a nuevos movimientos religiosos mantener la lámpara encendida para caminar juntos en este siglo XXI.
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Enviado por: admin en Lunes, 11 Enero, 2010 - 10:43
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Por iniciativa de Brasil, las Naciones Unidas (ONU) han declarado al presente como “Año Internacional de la Biodiversidad”, cuyo propósito es hacer un llamado a la conciencia de los seres racionales ante la pérdida indiscriminada de especies animales, vegetales y complejos naturales; pues cada año desaparecen miles de especies y con ellas nuevas posibilidades de culturas agrícolas, productos industriales o medicinas para curar las enfermedades. Con la pérdida de diversidad, aumenta la uniformidad, la dependencia de unas pocas variedades de plantas para alimentarnos; y, sobre todo, crece la vulnerabilidad ante las plagas y las enfermedades.
Para la Iglesia Católica —consciente de que el universo infinito y diverso es obra maravillosa de Dios y manifestación de Sí mismo (DV 3)—, la preocupación por la conservación y utilización racional de sus recursos ha sido una constante a lo largo de toda su historia. Vastísimos documentos emanados de ella como el reciente de Aparecida es sus números: 83; 125; 126; 472; 474c; y, 491, dan fe de lo dicho. Recientemente y adelantándose a la declaración de la ONU, el Papa Benedicto XVI con motivo de la XL Jornada Mundial de la Paz ha dicho:
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 La preservación de la biodiversidad es tarea de todos
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“La humanidad, si tiene verdadero interés por la paz, debe tener siempre presente la interrelación entre la ecología natural, es decir el respeto por la naturaleza, y la ecología humana. La experiencia demuestra que toda actitud irrespetuosa con el medio ambiente conlleva daños a la convivencia humana, y viceversa. Cada vez se ve más claramente un nexo inseparable entre la paz con la creación y la paz entre los hombres. Una y otra presuponen la paz con Dios. La poética oración de San Francisco conocida como el ‘Cántico del hermano sol’, es un admirable ejemplo, siempre actual, de esta multiforme ecología por la paz”.
Conviene, por tanto, como cristianos y usuarios de esta asombrosa aldea global cada día más deteriorada, atender estas reflexiones del Papa y acatar con hechos concretos las orientaciones que este año nos dará la ONU para salvaguardar nuestro planeta.
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Enviado por: admin en Lunes, 07 Septiembre, 2009 - 03:13
284 lecturas
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Que todos sean uno como Tú y Yo Padre somos uno”
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Una de las ideas básicas en el Evangelio de Jesús es la de la unidad. Con esperanza hemos escuchado y leído a los últimos Papas y prelados de la Iglesia hablar de unidad entre creyentes –ecumenismo- No es una obra fácil la de la unidad. Todas las religiones han caído en la división, más bien en la “fragmentación”.
Desde los primeros siglos del cristianismo no faltaron las herejías y los patriarcas, obispos o grupos a pretexto de “interpretaciones teológicas”. El monaquismo, los estilitas, cenobitas, sibaritas y otros grupos, con el fin de conservar la pureza de la doctrina, fueron los primeros cismáticos llevando el Evangelio y la doctrina de Jesús a verdaderas aberraciones. Avanzados los siglos fueron Lutero, Calvino, Zuinglio, Melangton y otros los que causaron la división en la Iglesia de Cristo.
La unidad no se consigue por decreto, consenso de unos dirigentes, ni con amenazas, es un proceso de vida cristiana y familiar, de catequesis para el sacramento del amor y la unidad que debe preceder a los demás sacramentos. Es una formación pedagógica y vital que se realiza con el ejemplo de los padres, autoridades y dirigentes. La política, legislación, catequesis y el ambiente familiar distan mucho de ser paradigmas de un ecumenismo, pues, si entre nosotros no estamos de acuerdo ¿Cómo estarlo con quienes piensan y actúan de manera distinta?
Hemos escuchado a nuestro Pastor, Monseñor Luis Gerardo, hablar con entusiasmo del ecumenismo. Para ello es necesario promover la unidad en la caridad entre nuestros dirigentes y grupos eclesiales, porque en ocasiones parece una competencia de quién muestra mayores concentraciones y no mayor caridad; mayor espectacularidad y no humildad; mayor elocuencia y no evangelización.
El ecumenismo será posible cuando puedan decir de nosotros lo que la gente decía de los primeros cristianos: “Mirad cómo se aman”. Apoyemos la inspiración del Espíritu Santo en las encíclicas papales y la buena fe de prelados y fieles que quieren volver a las fuentes. |

Diálogo del Papa Juan Pablo II con un Representante de otra Iglesia
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Enviado por: admin en Miércoles, 26 Agosto, 2009 - 11:02
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P. Bolívar Jiménez Álvarez
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Con tristeza y hasta con ira he escuchado algunas veces a ciertas personas, incluso a sacerdotes con poquísima formación histórica, decir esta falacia: “Como han cambiado las formas arcaicas y tramoyistas de hacer pastoral, hoy la Iglesia ya no prohíbe la lectura de la Biblia como lo hacía antes a través de sus ministros para poder manejar la conciencia de los creyentes”.
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Nada más inexacto que esto. La Iglesia Católica -fiel a su fundador- sabe que no puede, por sentido común, “prender una luz para colocarla debajo de una mesa sino encima de ella a fin de que alumbre a todos los de casa”. Jamás la Iglesia ha pretendido ocultar la verdad, pues sabe que ella, por razón de su propia esencia, está llamada a difundirla con empeño en el mundo entero y hasta el fin de los tiempos. Lo que ha querido sencillamente es que esta luz y verdad permanezcan intensas y no se debiliten; peor aún, no se esfumen por recovecos particulares e interesados.
Cuando apareció el protestantismo allá por el siglo XVI asomaron también un sinnúmero de traducciones de la Biblia a los diferentes idiomas nacionales, un gran número de éstas eran incompletas e inexactas. La Iglesia no podía permitir la confusión, de ahí que optó por curar en sano, prohibió a sus fieles —a quienes por las circunstancias culturales de aquella época no les era factible distinguir entre las traducciones verdaderas y las falsas—, adquirir dichas traducciones inexactas y por ende leerlas. Pero eso fue temporal, no duró sino unos pocos años, pues ya en 1757, por lo tanto hace ya casi 300 años, el Papa Benedicto XIV levantó tal prohibición temporal.
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Las Sagradas Escrituras
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Lamentamos que de esta realidad no se hayan enterado nuestros “conferencistas” y que con esa ignorancia hagan muchas veces coro al protestantismo sectario.
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Enviado por: admin en Miércoles, 26 Agosto, 2009 - 09:22
274 lecturas
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Durante el jubileo del año 2000, el Papa Juan Pablo II, de feliz memoria, propuso que la Iglesia pida perdón por las “culpas de sus hijos”. Esta proposición consta en su Carta Apostólica “Tertio Millenio Adveniente”. De hecho el Papa pidió perdón en reiteradas ocasiones.
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Actualmente, ante el comportamiento de ciertos miembros del clero que han suscitado controversias, el Papa Benedicto XVI, también pide perdón, comprensión y paciencia.
Esta actitud del Papa hay que verla en un contexto más amplio, pues al pedir perdón subraya sobre todo el aspecto penitencial que debe caracterizar a la Iglesia en su peregrinación y purificación, retomando el camino de sus orígenes, haciéndola más evangélica, y mucho más en este año sacerdotal que llama a todos a reflexionar sobre su trascendencia.
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 El Papa Benedicto XVI, durante un acto litúrgico, en el Vaticano.
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RECONOCER LAS DEBILIDADES
Un comentario de Bartolomeo Sorge dice: “El reconocer las fragilidades no es una crítica que humilla a quien la manifiesta…” La potencia de Dios se expresa en la debilidad humana: el hecho de que Cristo confirma en Pedro los poderes que le había concedido, después de que, habiendo renegado de Cristo, pide perdón y llora por sus culpas. Vemos, pues que el pecado de los hombres de Iglesia es una prueba de la realidad humano-divina de la Iglesia, que en cuanto humana, es débil y pecadora, pero en cuanto divina es santa. Jesús en sus parábolas nos habla de esta realidad: la red que recoge peces buenos y malos, el grano bueno que crece junto a la cizaña.
Por lo tanto, no es debilidad si la Iglesia pide perdón; antes bien, es una confirmación de su historia extraordinaria. Dios es Dios porque perdona; por consiguiente, pedir perdón a Dios y a los hermanos por las culpas es pedir una nueva manifestación de Dios en nuestro tiempo.
Esta novedad tan evangélica nos exige acercarnos al contenido y significado de las palabras de Cristo, de velar por la autenticidad y fidelidad en la conservación de sus valores, sus exigencias y trascendencia. Donde hay perdón hay amor, donde hay perdón y amor hay paz. De ahí que perdonar es reconocer que todos nos equivocamos.
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Enviado por: admin en Martes, 28 Julio, 2009 - 03:52
306 lecturas
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La Iglesia de Cuenca, desde su creación como diócesis -cuyo Decreto Pontificio fue promulgado por Clemente XIII, el 16 de enero de 1769- ha realizado un especial recorrido de fe, que lo ha configurado con características propias dentro de la Iglesia ecuatoriana
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Tal es así que, después de diecisiete décadas de vida diocesana -durante las cuales contó con la eficiente labor pastoral de trece obispos- el 12 de abril de 1957, el Santo Padre Pío XII decretó la creación de la Arquidiócesis de Cuenca, nombrando como primer Arzobispo a Monseñor Manuel de Jesús Serrano Abad, oriundo de esta ciudad.
Hace dos años celebramos, con un himno de acción de gracias al Todopoderoso, los primeros cincuenta años de vida de nuestra Arquidiócesis, recordando con gratitud la edificante tarea evangelizadora cumplida por cada uno de los insignes pastores enviados a esta jurisdicción eclesiástica.
Dentro de este contexto, el 20 de abril del 2009, el Santo Padre Benedicto XVI nombró a Monseñor Luis Gerardo Cabrera Herrera como V Arzobispo de Cuenca, para que suceda a Monseñor Vicente Cisneros, quien estuvo al frente de esta Arquidiócesis desde el año 2000.
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Episcopado Ecuatoriano en la Ceremonia de Ordenación Episcopal
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Los designios de Dios son generosos y podemos repetir: “Dios ha sido grande con nosotros y estamos alegres”, pues el Señor ha tenido una “predilección especial” por la Iglesia de Cuenca. Por eso elevamos un himno de alabanza al Creador por habernos bendecido con la presencia de uno de los más prominentes miembros de la Orden Franciscana, en la persona de Monseñor Luis Cabrera. Estamos seguros que, con la colaboración de todos los agentes de pastoral: sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, miembros de los diferentes movimientos de apostolado, laicos comprometidos y fieles en general, cumplirá una loable y edificante tarea pastoral y social, como lo han hecho sus eximios antecesores.
Con nuestra humilde plegaria, imploremos para nuestro nuevo Pastor las bendiciones de Dios y de María Santísima, para el cumplimiento de la nueva tarea que le ha sido asignada al frente de la Iglesia de Cuenca.
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Enviado por: admin en Miércoles, 15 Julio, 2009 - 04:23
305 lecturas
P. Marco Martínez
Vicario de Pastoral Social
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La misión de un sacerdote y de la comunidad es el ejercicio de la caridad. No se trata de una opción que se pueda abandonar: es algo obligatorio, es el eje principal de la Evangelización. La caridad nace en el corazón de Dios, que es amor. El ejemplo de Cristo y la práctica de la Iglesia comprometida con los pobres, el testimonio de destacados profetas y mártires defensores de la justicia social, son quienes mantienen el dinamismo de los discípulos de Cristo
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La Iglesia no puede renunciar a su acción social; independiente de la política, impulsa planes pastorales con los laicos y está fortaleciendo o creando, en donde es necesario, la “Caritas Parroquial”.
La caridad se ha transformado notablemente en el mundo cristiano; “caritas” va recuperando su propio significado. Las palabras y las obras, para ser creíbles, deben transformarse en proyectos de desarrollo integral. El pueblo capta el lenguaje positivo y rechaza los testimonios de quienes ofrecen y no cumplen.
El verdadero cristiano sabe cuando es tiempo de hablar de Dios y cuando es oportuno callar, dejando que hable sólo el amor. Un cristiano se forja en la experiencia de un acontecimiento, de un encuentro personal con los necesitados, con la persona de Jesús, el Hijo de Dios y mensajero del Padre. |

Cristo es el Centro de las Actividades de Caritas-Pastoral Social
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Es necesario organizar la caridad cristiana. Si queremos una buena pastoral social o caritas diocesana, es indispensable construir una buena comunidad al margen de ideologías. Cristo ayuda a encontrar el camino recto. La esperanza es paciencia y humildad que se fía en Dios, incluso en la oscuridad. La organización de la Pastoral Social es responsabilidad de la comunidad. A ella le toca motivar, sensibilizar a la Iglesia en la formación del laicado, en el reconocimiento de las nuevas pobrezas: mendigos, repatriados, enfermos de SIDA, drogadictos, etc., en la gestión de recursos, presencia social, coordinación de programas. El Obispo es el Presidente, el Director Ejecutivo maneja el instrumento orgánico de la Pastoral Social.
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Enviado por: admin en Lunes, 18 Mayo, 2009 - 10:34
680 lecturas
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Que la Iglesia es misionera es un concepto muy utilizado, pero tal frase parece estar quedando como un concepto abstracto en varios sectores de la Iglesia.
El Concilio Vaticano II (AG 2) introdujo este concepto: “La Iglesia peregrinante es, por su naturaleza, misionera, puesto que toma su origen de la misión del Hijo y de la misión del Espíritu Santo, según el propósito de Dios Padre”, y que el Código de Derecho Canónico, en el c. 781 dice: “Como por su misma naturaleza, toda la Iglesia es misionera, y la tarea de la evangelización es deber fundamental del pueblo de Dios, todos los fieles conscientes de su propia responsabilidad, asuman la parte que les compete en la actividad misional”.
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Lo que alguna vez fue considerado como una actividad exclusiva de algunos institutos religiosos, a partir del Concilio Vaticano II se abre para convertirse en una responsabilidad de todos los miembros de la Iglesia.
Es cierto que por otra parte existen diferentes modos de ejercer dicha actividad misionera en la Iglesia. El extinto Papa Juan Pablo II cita varias formas de ejercer la actividad misionera en la Encíclica “Redemptoris Missio”.
Habla de la “Misión ad gentes” que se realiza en “pueblos, grupos humanos, contextos socioculturales donde Cristo y su Evangelio no son conocidos, donde faltan comunidades cristianas suficientemente maduras para poder encarnar la fe en el propio ambiente y anunciarla a otros grupos”. Esta actividad no tiene exclusividad, pues en todas las formas de misionar pueden participar todos los fieles cristianos.
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 Misioneros participantes en el Tercer Congreso Americano
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Dicho documento habla también de la acción pastoral de las comunidades cristianas. Hace referencia, asimismo, a la Nueva Evangelización, enfatizando que se debería despertar en los cristianos, especialmente en los jóvenes, el deseo de participar en el gran reto de hacer que todos los pueblos sean discípulos de Cristo.
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Enviado por: admin en Lunes, 27 Abril, 2009 - 04:40
424 lecturas
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Las Comunidades Eclesiales de Base, CEBs, existen en el Ecuador desde la década de 1970. Surgen como producto del trabajo pastoral de la Iglesia en la línea de renovación teológica del Concilio Vaticano II que ha insistido que la pastoral debe desarrollarse partiendo de la comunidad y que la misma comunidad debe llegar a ser instrumento de evangelización. La Iglesia como comunión profunda de personas se vuelve visible y misionera en la comunidad participante y responsable. Por otra parte el Concilio recuerda insistentemente también el papel insustituible del laico y su misión específica en la Iglesia y en el mundo. Otros documentos que han guiado el caminar de las CEBs son Medellín y Opciones Pastorales.
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Históricamente en agosto de 1975 las primeras comunidades cristianas campesinas se reúnen en la provincia de Chimborazo para realizar el Primer Encuentro Nacional con la asistencia de delegados de ocho provincias de diversas regiones del país.
Desde ese entonces existen comunidades cristianas en los distintos sectores populares del Ecuador, tanto en el campo como en la ciudad. Blancos, mestizos, indígenas y negros, hombres y mujeres, unidos a las iglesias locales, así como a la Iglesia nacional, van buscando cómo vivir comunitariamente su fe, al mismo tiempo que procuran animar con el Evangelio la realidad en la que viven. Su reflexión y compromiso les ha llevado a insertarse en las diversas expresiones que adquiere la organización popular en nuestro país, tanto a nivel local, regional o nacional.
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 Grupo de fieles católicos, jóvenes y niños en una actividad pastoral
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En el Azuay en estos últimos 25 años las Comunidades Eclesiales de Base han madurado y se han multiplicado, sobre todo en el sector rural, de modo que ahora constituyen motivo de alegría y de esperanza para la Iglesia. En comunión con el Obispo y según pide Medellín, se han convertido en centros de evangelización y en motores de desarrollo.
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