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Categoría: Desde la RealidadLos artículos publicados en esta categoría son los siguientes.
Enviado por: admin en Lunes, 06 Septiembre, 2010 - 12:00
8 lecturas
Lilian Carapia Cruz, msp
Rev. “Inquietud Nueva” |
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Muchas cosas se han dicho sobre la difícil situación por la que pasa nuestro mundo en todos los sentidos; pero sería una falta contra la justicia detenerse a contemplar lo malo sin mantener la gratitud por tantas cosas buenas con las que Dios jamás ha dejado de bendecirnos. El hecho de que en nuestro tiempo, tan convulso, sigan floreciendo santos, es decir, hombres y mujeres que aman a Dios y al prójimo hasta dar la vida, es uno de los más bellos motivos para ser agradecidos con el Creador por ser así constante, y para decirle aquella hermosa plegaria litúrgica: “Te damos gracias porque no dejas nunca de bendecirnos”.
Dios nunca ha dejado de acompañarnos. Así lo vemos en la historia de la salvación, precisamente porque la conduce a través de los santos. Es la voluntad de Dios que aprendamos a ser constantes como él en procurar hacer el bien y dar, no de lo que nos sobra, sino de lo que constituye darnos nosotros mismos. Hablando de la limosna, un israelita preguntó a un rabino si da lo mismo entregar en un solo momento lo correspondiente a las limosnas de un año o ir pagando paulatinamente según lo pide la ley.
No, dijo el sabio, no da lo mismo, pues ya no tendría el mismo valor. ¿Por qué no?, replicó el buen hombre, considero que si entrego lo que me pide la ley habré hecho lo que quiere Dios. Pero el rabino insistió: No, no habrás hecho lo que quiere Dios. Tal vez cubras el monto que pide la ley, pero Dios lo que quiere es que el hombre aprenda a ser como él, que es siempre solícito frente al necesitado.
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Jesús predicando en Sermón de la Montaña, ejemplo de bondad para sus seguidores
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El egoísmo se molesta, la miseria no soporta que el prójimo venga a reclamar ayuda. Y esto es lo que Dios quiere: la constancia en el amor, la continuidad en las obras buenas. Dios quiere que ser cotidianamente generosos no nos sea molesto, que no nos cueste ser buenos; que sea natural para nosotros compartir cuanto tenemos y aún lleguemos a hacerlo alegremente, pero no sólo un día sino todas las veces que un hermano lo necesite. Esto no lo hace quien da todo de una vez con la intención de que dejen de molestarlo. |
Enviado por: admin en Viernes, 06 Agosto, 2010 - 04:00
96 lecturas
Diác. Eloy B. Rivera |
La falsa concepción del significado y contenido de la Libertad ha dado lugar a todos los males que han agobiado a la humanidad, inclusive el deterioro ambiental. Hoy quisiera hacer una modestísima aproximación de cómo la entendía y vivía Jesús de Nazareth.
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Con preocupación observamos que en nuestro país se dictan leyes y más leyes que en la mayoría apuntan hacia el “bienestar” y la “seguridad”… Sutilmente se acomodan y se esconden los intereses de los que las promueven; y, según las conveniencias, en “estrictos” observantes; en ellos muchas veces reinan las leyes, pero no reina Dios. Jesús, no ve así y no es esa la justa aplicación. El ver, juzgar y actuar para Jesús va en otra dirección y dimensión: el ser humano es SER SOCIAL. COMUNITARIO. El ve que “la primera experiencia de la persona es la experiencia de la segunda persona: el tú; por lo cual el nosotros viene antes que el yo” (Mounier);en esta visión, Jesús pone en evidencia: La ley por Amor al ser humano para que sea LIBRE y capaz de AMAR, y NO el ser humano por amor a la ley, que es imposición y carga pesada que conculca, aliena y degrada (Mc 2,27).
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Esta comprensión y vivencia de Jesús se fundamenta en esta ley de oro: “Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes” (Lc. 6,31; Mt 7,12); es decir, que en la teoría y la práctica, la verdadera Libertad del hombre (varón-mujer) es conciencia plena de sus pensamientos, sentimientos, intenciones, palabras y acciones; y, por lo mismo, consciente de su realidad es responsable de sí mismo, de los demás y de su entorno.
Así entendía Jesús la Vida y la Libertad, y la vivía a plenitud trascendiendo en acción liberadora, salvadora y transformadora. En Jesús, sus pensamientos, sentimientos e intenciones, sus palabras y sus actos guardaban perfecta coherencia y armonía. Por eso Jesús, es la más perfecta y más bella Sinfonía de la Vida, porque era libre, inmensamente libre; y nos dejó el legado para que lo vivamos a plenitud; y, no ha cambiado nunca su mensaje. La Libertad también podemos vivirla así: “Respetar (temer) al Señor es sabiduría, y apartarse del mal es inteligencia y vida plena” (Job 28,28). |
Enviado por: admin en Lunes, 02 Agosto, 2010 - 01:51
145 lecturas
Román Izquierdo |
Al cumplirse un año de su posesión como Arzobispo de Cuenca, debo indicar que me siento impelido a decir algo. No puedo archivar la apreciación escita que hice los primeros días de julio y que a su vez refleja la de muchos amigos, familiares y compañeros, sobre la persona de Monseñor Luis Gerardo Cabrera.
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Le hemos visto siempre cumpliendo una agenda apretadísima para visitar y conocer la realidad pastoral y humana de la Arquidiócesis, compartiendo con calma y sencillez las celebraciones y programaciones en todas las parroquias y cantones del Azuay. Notamos que utiliza la palabra para conversar y escuchar, para enseñar y alabar a Dios; nunca como elemento disociador o peor aún para adular a nadie.
Lo hemos visto siempre como un Pastor pobre, porque sólo los pobres pueden trabajar a tiempo completo y libremente por la fortuna espiritual de los fieles encomendados, sin darse ningún lujo y viviendo según las enseñanzas de Jesucristo. Me ha llamado la atención el hecho de que jamás haya buscado la atención de nadie pero sí haya atendido con solicitud el requerimiento de quienes solicitamos su ayuda y haya compartido las atenciones pequeñas de quienes queremos mostrarle nuestra sincera gratitud, especialmente en mi caso particular.
Le vemos también como un Pastor inteligente, probo y prudente, que atiende a todos, pero con mayor dedicación al caído y sencillo para ayudarle, y seguramente también para aprender algo de él.
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El Señor Arzobispo en su visita a Jadán
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Alimentado diariamente con la oración renovadora y la reflexión sobre los signos de los nuevos tiempos, Monseñor Luis ha podido enfocar y transmitir con claridad el aliento transformador de la Palabra en sus sermones y en sus escritos semanales.
No es arrogante ni presumido, sino todo lo contrario: sencillo, amistoso y cordial, afectuoso, abierto y sonreído, sin doblegarse ante los problemas y sólo inclinándose hacia la razón de quienes la tienen.
En definitiva, como la conjunción de la sencillez de la frugalidad franciscana, con la simpatía natural de un hombre libre que despierta confianza. |
Enviado por: admin en Lunes, 19 Julio, 2010 - 12:00
78 lecturas
Mirella Pérez, sp |
Estamos acostumbrados a hablar de los hijos como si se tratara de una propiedad, como un coche, una casa, un libro, etc. Los niños nacen dentro de una familia por lo que resulta natural que la familia asuma la responsabilidad de esa vida que empieza. Pero el niño tiene un corazón, un alma, y eso no es propiedad de nadie. La filosofía nos enseña que el alma, lo más profundo de cada uno, no puede venir de los padres, sino que viene de Dios.
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Los padres transmiten a su hijo el don de la vida y asumen la tarea de ayudarle, pero no pueden dominarlo como al coche. Entonces, ¿cuál es la actitud más correcta ante un hijo pequeño? ¿Le dejamos hacer lo que quiera? Los grandes expertos enseñan que primero debemos dar al niño normas de seguridad: no asomarse por la ventana, no meterse en la boca objetos peligrosos, no tocar animales extraños.
Después, por su salud le pedimos que tenga las manos limpias, que no se llene el estómago con sus “caprichos”, etc. También enseñamos a nuestros hijos a hablar. Cada día brillan sus ojos de un modo distinto, y pronto, su mundo interior, su corazón, se nos abre, no sólo con las miradas, las manos y la sonrisa, sino con esas primeras y temblorosas palabras que empieza a decir con la confianza de ser acogido.
Los padres que escuchan por vez primera la palabra “mamá” o “papá”, sienten un vuelco en su corazón. El niño crece y habla. Cuando ya ha aprendido un vocabulario básico, impresiona por su hambre de saber, de comunicar, de decir que nos quiere, que ha dibujado un avión o que acaba de encontrar un amigo…
Pero no podemos olvidar que los hijos no son propiedad de nadie: ni de la familia, ni de la escuela, ni del Estado. Pero todos estamos llamados a ayudar a los niños y adolescentes a crecer en su vida como buenos ciudadanos y como hombres y mujeres de bien. Esta es la misión que reciben los padres cuando inicia el embarazo de cada niño. Es necesario preguntar cómo se puede enseñar a los hijos a ser buenos, inculcándoles los principios éticos más elevados.
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La familia es la escuela donde se aprenden los principales valores
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Esta es la misión que reciben los esposos cuando nace un hijo. Cumplirla puede ser muy difícil, pero la alegría de tener un hijo bueno no se puede comprar ni con todo el dinero del mundo. |
Enviado por: admin en Lunes, 21 Junio, 2010 - 12:00
103 lecturas
P. Bolívar Jiménez A. |
Hoy que proliferan opiniones teológicas de toda índole, es absolutamente necesario que los cristianos católicos sepamos cuál es y dónde está consignada la doctrina genuina de la Iglesia. Su conocimiento proporcionará dos resultados: 1) El poder adquirir claridad y seguridad en todo aquello que constituye nuestro patrimonio de fe. 2) La posibilidad de enjuiciar, personalmente y con fundamento, todo aquello que se dice y se nos hace llegar a través de libros, revistas, ponencias, clases académicas, homilías, catequesis. etc.
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¿En dónde está esa cantera de verdad o ese torrente cristalino del que podamos extraer material de primera o beber el almíbar de la verdad sin intoxicarnos? En dos fuentes: 1) En los dieciséis “documentos del Concilio Vaticano II” (reunido entre el 11 de octubre de 1962 y el 8 de diciembre de 1965). 2) El Nuevo “Catecismo de la Iglesia Católica” promulgado por Juan Pablo II, en octubre de 1992.
En los “Documentos del Concilio Vaticano II”, porque en ellos, no solamente que se armonizan ordenadamente los principios bíblicos (la Palabra de Dios); sino que se resume, de manera asombrosa, el pensamiento dogmático y doctrinal permanente de la Iglesia a través de sus dos mil años de historia, el mismo que tiene como baluartes toda la reflexión patrística, conciliar, teológica, vivencial y magisterial.
El "Catecismo de la Iglesia Católica", porque cristaliza para el hombre de hoy, con lenguaje accesible, toda la teología conciliar.
Son, entonces, estas dos fuentes de luz las que han de iluminar al creyente católico de hoy que siente el anhelo de hacer honra a su calidad de cristiano practicante. Son, así mismo, estas dos fuentes, las que tienen que mirar el pensador, el teólogo, catedrático, el sacerdote, el catequista de hoy, si quiere ser fiel a Jesucristo y a su obra: la Iglesia; y que tiene la misión de facilitarnos el conocimiento de Dios y su plan de redención. Esto no anula la razón, sino la fundamenta. Siendo así, no hay por qué perderse en los recovecos creados por las novelerías. |

El creyente católico manifiesta su fe de diversas formas
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Enviado por: admin en Lunes, 17 Mayo, 2010 - 12:00
135 lecturas
Diácono Reinaldo Hallo |
Siempre se ha dicho que "las apariencias engañan", y de acuerdo a las circunstancias, esta expresión tiene asidero. Pero me atrevo a manifestar que la apariencia o la presentación de una persona tienen un poder especial.
Cada uno trata de presentarse de la mejor manera en las diferentes actividades de la vida cotidiana; más todavía cuando se asiste a un compromiso social. Cuando se conoce a una persona nueva, se busca dejar una buena impresión. Se dice que "la primera impresión es la que más cuenta".
Lamentablemente, muchas veces, la forma como están vestidas las personas, influye en el trato que reciben. Y es así que en una oficina pública, en una empresa privada o lugares similares, si una persona lleva un traje de etiqueta es atendida con toda la cortesía y hasta con halagos. Pero quizá si la misma persona se presenta con un vestido común es tratada como un ser de "segunda categoría".
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No les ha pasado también a ustedes, gentiles lectores, que cuando nos dicen: soy el Doctor tal, soy sacerdote o asambleísta, ¿cambia la actitud de las personas? ¿Acaso Jesús de Nazaret no dijo, el que quiera ser el primero sea el último y el servidor de todos? ¿Por qué nos dejamos guiar por las apariencias o peor todavía por el poder del dinero? Muchas veces, se aplica la máxima: “Tanto tienes, tanto vales”, brindando preferencias a aquellos que ostentan algún tipo de poder. Jesús rescató la dignidad de la persona y salió en defensa de los más pobres y necesitados; luchó contra las estructuras de poder, de injusticia, explotación y desigualdad.
Ojalá en el futuro actuemos con equidad, tomando en cuenta que los marginados de la sociedad son los que más atención necesitan de nuestra parte. Ojalá hagamos nuestra aquella frase tan importante que dice: “Quien no vive para servir, no sirve para vivir” y no nos dejemos llevar por las apariencias. Recordemos que todos son hijos de Dios y merecen un trato igualitario |

Lamentablemente, en nuestras sociedad, nos dejamos guiar por las apariencias
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Enviado por: admin en Lunes, 03 Mayo, 2010 - 12:00
122 lecturas
P. Bolívar Jiménez Álvarez |
No se sabe con certeza quién, por primera vez en la antigüedad, habló de las 7 maravillas del mundo. Unos lo atribuyen a Antípatro de Sidón hacia el año 125 a.C. Otros, a Antípatro de Tesalónica 20 a.Ca a 20 d.C.; y unos terceros, al primer historiador de la humanidad: Heródoto. Lo cierto es que, salvo ciertas variantes, todos hacen mención a las Pirámides de Egipto, el Faro de Alejandría, los Jardines Colgantes de Babilonia, el templo de Diana en Éfeso, la Estatua de Zeus en Olimpia, el Coloso de Rodas y el Mausoleo de Halicarnaso, como las joyas del ingenio humano de la antigüedad de las que apenas queda rastro.
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Lo que sí sabemos con certeza es que los 6 errores humanos más comunes han sido los mismos desde siempre y perduran hasta hoy. Cicerón, filósofo romano del siglo I a.C. habla con acierto de ellos y los enumera así: La ilusión de que las ganancias personales se consiguen aplastando a los demás. La tendencia a preocuparse de que las cosas no se pueda cambiar y corregir. Insistir en que una cosa es imposible porque no podemos conseguirla. No querer prescindir de preocupaciones banales. Rechazar el desarrollo y perfeccionamiento de la mente y no adquirir el hábito de leer y estudiar. Intentar obligar a los demás a creer y vivir como nosotros.
Le doy la razón a Cicerón y creo que ustedes también. Esta es una realidad de todos los días y son actitudes de un crecido número de personas. Pero a las maravillas de la antigüedad, a las siete nuevas y a los siete errores, habrá que añadir otras dos conductas equivocadas: El subjetivismo moral, que afirma que lo bueno y lo malo es reducible a nuestras actitudes y opiniones sin que ninguna religión deba intervenir en ella; y, el relativismo, que considera que la verdad depende del sujeto, persona o grupo que la experimenta, y que en ciertos aspectos no pueden existir acuerdos universales compartidos por todos.
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Las pirámides de Egiptoson una de las maravillas del mundo
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De estos últimos errores nos habla el Papa Benedicto XVI. Es conveniente que hagamos cuanto esté a nuestro alcance por superar estas actitudes hostiles y dañinas, que no nos permiten una realización personal; ni contribuyen a una sana convivencia social en la que todos gocemos de auténtico bienestar. |
Enviado por: admin en Viernes, 16 Abril, 2010 - 12:51
186 lecturas
P. Bolívar Jiménez |
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Como dijo Aristóteles, de la misma manera que el hombre es un ser político, lo es también un ser religioso. El ser humano busca lo trascendente y de alguna manera se ata a esa realidad. La historia lo ratifica, no existe pueblo que no haya tenido su religión; es decir: un culto (sacerdocio), un dogma (creencia) y una disciplina (moral), que constituyen los elementos fundamentales de toda religión.
De manera sintética, tan sólo en dos grupos pueden clasificarse las religiones: 1) Las naturales; es decir, las que parten de la iniciativa, del instinto y de la razón humana (TEODICEA); que constituyen el 99,9 %; que, a excepción del Islamismo son politeístas y son de diferente categoría dependiendo del acierto racional de sus adeptos. 2) Las que han partido de Dios (TEOLOGIA), las reveladas, en las que Dios mismo por pura iniciativa se ha dado a conocer, ha manifestado la dignidad del hombre y su destino; y también, el propósito de la creación. A este grupo pertenecen el Judaísmo y el Cristianismo. Ambas son verdaderas porque no es el hombre falible con su sola inteligencia e intuición el que ha estructurado la religión; sino que es el mismo Creador, principio y fin de todo, quien, respondiendo a las inquietudes de eternidad que Él mismo puso en la consciencia humana le ha dado a conocer su plan: “Señor nos hiciste para Ti y nuestra alma no estará tranquila hasta que descanse en Ti” (S. Agustín).
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P. Bolívar Jiménez Álvarez
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Pero hay que advertir que siendo las dos: judaísmo y cristianismo, religiones verdaderas, sólo el cristianismo goza de perfección porque en ella se ha dado la plenitud de la Revelación: Jesucristo, que es la Revelación del Padre. Para los cristianos en general y para los cristiano-católicos en particular, no hay otra. No esperamos al Salvador, como lo hacen los judíos, para quienes todavía aquel no ha llegado.
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Enviado por: admin en Lunes, 05 Abril, 2010 - 10:09
211 lecturas
Hno. Agustín Cazares, msp |
En diversas ocasiones escuchamos decir a los padres de familia: “Ya no sé qué hacer con mi hijo, se ha vuelto muy rebelde” o “mi hijo se me escapa de las manos”. Son cosas que se viven frente al reto de la adolescencia.
En primer lugar es necesario conocer que el adolescente cruza por una de las épocas de más trascendencia en la vida, ya que en ella surge su personalidad, lo que trae consigo profundos cambios, tanto fisiológicos como emocionales. El adolescente se encuentra en medio de situaciones que en gran parte no entiende, por lo que siente que tampoco lo entienden a él. Y aún existe otro factor que incita el comportamiento rebelde de los hijos: el bombardeo de las corrientes ideológicas. Los padres deben tomar en cuenta que ellos también cruzaron por esa etapa, y que estuvo llena de carencias y obstáculos, pero también hubo triunfos y satisfacciones que les generaron la experiencia que los capacita a entender y guiar de la manera más correcta a sus hijos.
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Surge la pregunta: ¿Qué esperan los hijos de sus padres? Las actitudes rebeldes, egoístas e incluso groseras, reflejan que el adolescente necesita acompañamiento, confianza, diálogo, respeto, libertad y sobre todo amor. Todo esto es indispensable para que el hijo aprenda a valerse por sí mismo y enfrentar los desafíos propios del mundo. Él se encuentra en la etapa en que todo recae en sus sentimientos y por tal motivo, es sano que el padre o la madre tome la iniciativa para empezar el diálogo.
Pero no hay que tratarlo como a un niño ni como a un adulto, sino como lo que es, un adolescente, es decir, una persona que vive el momento de transición que le llevará a descubrir lo que en realidad tiene sentido: vivir con libertad, amando. |

Grupo de adolescentes en actividades recreativas
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El trato con los adolescentes es arduo y difícil, pero vale la pena hacer un esfuerzo personal y familiar para ayudarlos a descubrir que cuentan con el apoyo par salir adelante. Además, conviene enfatizar que sólo con la gracia de Dios se eliminan las barreras que impiden el acercamiento y la comprensión. Nunca es tarde para hacer experimentar a un adolescente que tiene una familia que lo cuida, acompaña y apoya. Así no tendrá que buscar afuera lo que tiene en casa. |
Enviado por: admin en Lunes, 15 Marzo, 2010 - 12:00
221 lecturas
| Diácono Reinaldo Hallo
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Para hablar sobre la ESPERANZA, quisiera partir de la definición más básica que nos trae un diccionario de bolsillo: Es la confianza que se tiene en alcanzar algo.
Como sinónimos encontramos: confianza, creencia, espera, perspectiva, ilusión, expectativa, anhelo, optimismo, tranquilidad, certeza, convicción, seguridad, fe, entre otros.
En este sentido diremos que todos tenemos una esperanza personal, adquirimos confianza en los demás y gozamos de la seguridad que Dios vela por nosotros como un Padre que se preocupa por sus hijos. |
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A nivel personal nos planteamos objetivos con la esperanza de alcanzarlos. Cuando niños, -a nivel académico- teníamos la esperanza de terminar la primaria para ir al colegio. Y una vez que elegimos una carrera profesional, nos esforzamos para lograrla. Luego, como personas, aspiramos alcanzar la madurez en todos los ámbitos, para ver cristalizadas nuestras ilusiones y esperanzas.
Por otro lado, Dios nos ha dado cualidades ponernos al servicio de los demás y también contamos con la ayuda de los demás, para enriquecernos del aporte que cada individuo nos ofrezca. Asimismo, en los momentos más difíciles, tenemos la esperanza de apoyarnos en nuestros compañeros, amigos y familiares para vencer las dificultades.
Pero, esta esperanza -personal y comunitaria- no tendría una base real, si no estuviera sustentada en la fuente de toda esperanza: Dios. Nuestra Iglesia cuenta con tres virtudes teologales que animan y caracterizan el obrar moral del cristiano: La Fe, ESPERANZA y Caridad. |

Todos tenemos esperanza de recibir el apoyo de alguien para alcanzar una meta
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La esperanza, desde esta perspectiva: Es la virtud por la que deseamos y esperamos de Dios la vida eterna como nuestra felicidad, confiando en las promesas de Cristo y apoyándonos en la ayuda de la gracia del Espíritu Santo para merecerla y perseverar hasta el fin de nuestra vida (Compendio CATIC 387).
Que todos luchemos por ver realizados nuestros sueños y no perdamos la esperanza de alcanzarlos, aunque existan muchas dificultades por sortear en el camino.
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