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08 Sep, 2010 - 04:59    
ARQUIDIÓCESIS DE CUENCA - ECUADOR

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Categoría: Pensamientos del Pastor

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Pensamientos del Pastor: CAMINANTES

Enviado por: admin en Viernes, 06 Agosto, 2010 - 02:35 69 lecturas

+ Luis G. Cabrera, ofm

Arzobispo de Cuenca

Como bien sabemos, todo está en movimiento. El tiempo no se detiene, los días y los meses pasan y se suceden. Cada amanecer nos ofrece nuevas posibilidades para pensar, amar y luchar.

La naturaleza, ya sea de una manera cíclica o progresiva, tampoco está quieta; los cambios constantes de temperatura alteran y condicionan los estilos de vida de los pueblos.

Nuestra vida personal, por su parte, es como un camino, que se inicia en la concepción y termina físicamente con la muerte. Corporal y psicológicamente estamos hechos para caminar y avanzar hacia el encuentro de personas y cosas.

Las familias y sociedades también están continuamente migrando. Son muchos hombres y mujeres, de todas las edades, regiones y culturas que dejan su tierra y familia y van a otras latitudes buscando mejores condiciones de vida: alimento, trabajo, techo, paz, entre otras cosas. Y en este camino se suceden las generaciones: cada día nacen y a la vez mueren miles de seres humanos.

La vida de fe también es un camino que nos conduce a Dios y a nuestras hermanas y hermanos. Un proceso progresivo que hace posible que vayamos descubriendo la bondad,  la grandeza, la belleza y el poder de un Dios que nos ha creado y liberado por amor. Por eso hablamos de procesos formativos, con sus etapas y metas, en las distintas actividades pastorales.

La fe, para el cristiano, también es un camino que se recorre con otras personas, so pena de caer en el aislamiento y en la desesperación. Esta actitud nos permite acercarnos a los otros sin otra pretensión que la de compartir la vida, la historia, las esperanzas y los sufrimientos. Para ello, es necesario ir “desarmados”, es decir, libres de miedos y prejuicios, y dispuestos a formar una comunidad. 

Esta actitud de caminantes, de salida constante de nosotros mismos, nos ayuda a llegar a los lugares más difíciles, en donde la sociedad vive profundos desequilibrios y tensiones y ahí testimoniar la paz y la justicia y también superar las estructuras que no favorecen el derecho a una vida digna.

“Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”, expresa el poeta; “yo soy el camino, la verdad y la vida”, dice Jesús. Dos afirmaciones, aparentemente opuestas, que nos ponen en camino para no perder de vista nuestra meta final. Y es que caminar es salir, avanzar, romper nuestros viejos moldes para abrirnos a nuevas y fascinantes realidades. Sólo quien camina vive y es capaz de crear y realizar sus sueños.





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Pensamientos del Pastor: VIVIR CON PASIÓN EL PRESENTE

Enviado por: admin en Lunes, 02 Agosto, 2010 - 01:34 107 lecturas

+ Luis G. Cabrera, ofm

Arzobispo de Cuenca

El presente personal, familiar, social y eclesial, en el que vivimos, se nos presenta lleno de luces y sombras, de alegrías y tristezas, de éxitos y fracasos, de aciertos y errores, de sueños y realizaciones.

Más de una vez, nos encontramos frente a encrucijadas o disyuntivas. Ante nosotros se nos presentan caminos dispares y opuestos como, por ejemplo: Vivir con dignidad o morir; sanar heridas o ahondarlas; bendecir la existencia o maldecirla; construir la historia o destruirla; afrontar la vida o huir de ella; amar u odiar; perdonar o buscar venganza, entre oras. Disyuntivas que tenemos que afrontarlas y resolverlas en un sentido u otro.

De este modo comprendemos mejor que somos protagonistas de nuestra propia historia y también parte de la historia social y eclesial y no simples espectadores o huéspedes. Pero, para construir la historia, es necesario vivir con pasión el presente.

Este término “pasión” está íntimamente relacionado con el concepto latino de “animus” y con el griego de “pathos”. Estas palabras, entre otras cosas, significan: fuerza, entusiasmo, vigor, fuego.

Vivir “con pasión” el presente, por lo mismo, significa poner todo el interés, el entusiasmo (el ánimo de Dios), la alegría y las ganas en todo lo que pensamos, decimos, hacemos y soñamos. La pasión es lo que da calor y color a  nuestra existencia.

La pasión nos empuja a dar lo mejor de nosotros mismo con generosidad. Esto es lo que también hace Dios cuando no contento con darnos la vida y lo que nos rodea se nos ofrece a sí mismo en su Hijo. “Tanto amó Dios al mundo, nos dice sorprendido y agradecido el Apóstol Juan, que nos envió a su único Hijo para salvarlo”.

La pasión nos impulsa a ser creativos, a obrar con inteligencia y voluntad para afrontar y superar las dificultades personales, sociales, económicas, políticas y religiosas, sin por ello desconocer los aportes obtenidos por tantas personas en los más diversos campos del saber.


Los jóvenes ponen mucho entusiasmo
en todo lo que hacen

La pasión nos ayuda a combatir la pasividad o la inercia; la mediocridad o el contentarse con lo mínimo; el aburguesamiento o la comodidad; la apatía o la indiferencia; y la rutina o monotonía y hasta el hastío de vivir.

Pero, para vivir con pasión el presente, necesitamos saber de dónde venimos y hacia dónde vamos. Por eso, el presente no está desligado del pasado ni desconectado del futuro.  Más aún, sólo el que sabe a dónde va es capaz de vivir con pasión el presente.





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Pensamientos del Pastor: RECORDAR CON GRATITUD EL PASADO

Enviado por: admin en Lunes, 26 Julio, 2010 - 01:15 75 lecturas

+ Luis G. Cabrera, ofm

Arzobispo de Cuenca

El Papa Juan Pablo II, al inicio del nuevo milenio, nos invitaba a “recordar con gratitud el pasado, vivir con pasión el presente y abrirnos con confianza al futuro”.  Y es que la gratitud, la pasión y la esperanza nos ayudan a construir la parte de historia que el Señor nos ha encomendado.

Cuando dirigimos la mirada hacia nuestro pasado, descubrimos un patrimonio o una riqueza cultural extraordinaria. En el ámbito personal, nos encontramos con muchas experiencias o vivencias de todo tipo: unas, alegres; otras, tristes; algunas, llenas de satisfacción; y unas cuantas, no tan agradables. Y todas ellas son parte importante e integral de nuestra historia, que no podemos ni debemos desconocer.

En el campo social, igualmente, constatamos los innumerables aportes que nos han dejado tantas generaciones, civilizaciones y pueblos. Cuántas personas se dedicaron y se destacaron en la filosofía, teología, ciencia, arte, política, economía, deporte, tecnología. Gracias a ellas hoy podemos disfrutar de tanto avance científico y tecnológico. Resulta muy difícil describir cada obra que la inteligencia, el ingenio y la voluntad de los seres humanos han construido.

En el plano religioso, del mismo modo, es impresionante el legado de santidad y sabiduría que tantos hombres y mujeres nos han entregado. En la Iglesia Católica, se les conoce como “Santas y Santos”, personas maravillosas que se dejaron fascinar y hasta encantar por la gracia, el amor, la ternura y la bondad de Dios y tuvieron la audacia de responder con libertad y generosidad a esa propuesta. Es así cómo se transformaron en los más claros testimonios de que sí es posible vivir el Evangelio en sus más diversas modalidades.

Pero ¿cómo recordar el pasado? Juan Pablo II nos invita a hacerlo con un corazón agradecido. Y es que sólo la gratitud nos permite valorar los éxitos para mejorarlos y también los fracasos para superarlos.


El amor de los padres lo recuerdan con gratitud sus hijos.

Si recordamos con gratitud el pasado, nos liberamos del triunfalismo y la vanagloria y también de la nostalgia de lo bueno y grande que hicimos o hicieron.

La gratitud, igualmente, nos permite despojarnos de los sentimientos negativos ante los fracasos propios o ajenos, como la vergüenza y su complejo de culpabilidad; la tristeza, traducida en lamento y decepción; o la rabia, manifestada en resentimientos, rencores, envidias y hasta odios.

Recordemos el pasado con gratitud y podremos vivir con pasión el presente y mirar el futuro con esperanza.





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Pensamientos del Pastor: RECORDAR ES AMAR

Enviado por: admin en Lunes, 19 Julio, 2010 - 12:00 82 lecturas

+ Luis G. Cabrera, ofm

Arzobispo de Cuenca

Las personas, los acontecimientos y las cosas tienen su propia existencia y, como tales, ocupan un espacio y un tiempo en la sociedad y en el mundo físico.

En estas condiciones, pueden seguir su curso aunque sean ignoradas por tantas personas que cruzan diariamente por su lado. Este fenómeno se da, de una manera especial, en las grandes ciudades, en donde la masificación y el anonimato se han convertido en lo más normal de la vida.

Pero estas realidades comienzan a tener una nueva existencia cuando alguien las valora, las acoge y las recuerda. Es de este modo cómo ocupan un sorprendente espacio en la mente y en el corazón de quien las ama.

Pero como no siempre podemos estar junto a las personas y cosas que amamos, entonces la memoria o el recuerdo de ellas ocupa un lugar importante. Cuanto más las recordemos, su presencia será más viva en todo lo que pensemos o hagamos. Es así como el amor se alimenta del recuerdo diario.

En cambio, el día en que dejemos de comunicarnos y de recordar a las personas o cosas que amamos, sus existencias irán perdiendo fuerza, color y calor; incluso llegarán a morir para nosotros, aunque en algún lugar del mundo sigan existiendo. El olvido, de este modo, es el signo más claro de que el amor o se está extinguiendo o ya ha muerto.


El encuentro con un amigo reaviva su verdadera amistad

Esto que sucede con las personas, los acontecimientos y las cosas, pasa también con Dios. Si bien, a través de la razón y de la revelación, sabemos que Él existe por sí mismo y en sí mismo, es decir, independientemente de que le pensemos o no, o de que le aceptemos o no. Sin embargo, Él estará vivo en nosotros en la medida en que le reconozcamos y permitamos que comparta nuestra existencia. Su amor gratuito y eterno se actualiza en nuestras vidas sólo si lo aceptamos libremente, ya que Dios jamás impone ni obliga nada a nadie. Su presencia será más fuerte y luminosa en nuestras vidas, por lo mismo, si le  recordamos, le pensamos y obramos según sus criterios.

De estas consideraciones, se concluye que el recuerdo de Dios, de las personas y las cosas es la más elocuente forma de amar. Todas las demás expresiones no hacen sino alimentar y acrecentar la memoria de lo que se ama. Es el recuerdo el que mantiene vivos, en lo más profundo del corazón, la ilusión primera de volver a verse, el deseo del encuentro festivo y la llama inextinguible del amor. El recuerdo de lo que amamos nos llena de gratitud, serenidad, alegría y esperanza. Recordar es amar.





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Pensamientos del Pastor: OBOLO DE SAN PEDRO

Enviado por: admin en Lunes, 28 Junio, 2010 - 12:00 105 lecturas

+ Luis G. Cabrera, ofm

Arzobispo de Cuenca

La Iglesia Católica celebra, el 29 de junio, la Solemnidad de San Pedro y San Pablo: dos incondicionales e infatigables discípulos y misioneros de Cristo. A esta fecha se le conoce también como el Día del Papa.

La figura del Papa sigue siendo un punto de referencia muy importante para la Iglesia Católica. Como Vicario de Cristo, está llamado a anunciar el Evangelio de la vida y  la verdad, del amor y la solidaridad entre todos los pueblos. Durante estos veinte siglos de existencia de la Iglesia Católica, hemos contado, de una manera ininterrumpida, con 265 Pontífices.

El actual Papa Benedicto XVI se encuentra con nosotros desde abril del año 2005. Es uno de los estudiosos más connotados de la Iglesia. Sus numerosas obras teológicas, Cartas Pastorales, Exhortaciones, homilías y mensajes son una prueba de ello; y, además, constituyen una luz para los católicos.

El domingo 27 de junio, como los años anteriores, se realiza la colecta del OBOLO DE SAN PEDRO. El término óbolo significa la contribución que los católicos entregan al Papa para que ayude a las personas necesitadas, en diferentes lugares del mundo. Entre ellas, están  innumerables familias sin casa, sin trabajo ni alimentación, niños sin escuelas o albergues, ancianos abandonados y personas víctimas de la persecución étnica, política, social e incluso religiosa. 


Afiche promocional de la colecta Obolo de San Pedro

La colecta de este año tiene como lema: “NO NOS CANSEMOS DE HACER EL BIEN” (Gál 6,9). Hacer el bien es lo más importante y que se concretiza en: salud, educación, alimentación, protección, cercanía, etc. Sin embargo, casi siempre nos asalta la tentación de abandonar estos proyectos ante las primeras dificultades. Es por esta razón que el apóstol Pablo nos invita a no desanimarnos, sino a redoblar nuestro esfuerzo, a poner más entusiasmo, alegría y decisión en lo que hemos emprendido, aunque la cosecha corresponda a otras personas.

La Colecta del Óbolo de San Pedro se lleva adelante en todas las parroquias, capillas, instituciones educativas, movimientos apostólicos y otros organismos eclesiales. Para una mejor coordinación, se pide que entreguen su oferta en la Oficina de la COLECTURIA, de la Curia Arquidiocesana, desde donde se envía a la Santa Sede.

Invitamos a todos ustedes a ser generosos con las iniciativas y obras de solidaridad que el Papa sostiene en los países más necesitados del mundo. Recordemos que numerosas obras sociales que se realizan en nuestro país son financiadas con los fondos de esta colecta; y la ayuda que se recibe siempre es mayor que nuestro aporte.





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Pensamientos del Pastor: II JORNADA NACIONAL DE LA JUVENTUD

Enviado por: admin en Lunes, 14 Junio, 2010 - 12:00 103 lecturas

+ Luis G. Cabrera, ofm

Arzobispo de Cuenca

El martes 25 de mayo, con la presencia de varios representantes de los diversos medios de comunicación, hicimos el lanzamiento oficial de la II Jornada Nacional de la Juventud, que tendrá lugar en Cuenca, del 20 al 22 de mayo del próximo año.

En este acto estuvieron presentes Mons. Víctor Corral Mantilla, Presidente de la Comisión de Juventud de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana; la Señorita Gabriela Medina, Secretaria Ejecutiva de dicha comisión, el P. Rigoberto Jara, Coordinador de la Comisión Arquidiocesana de Juventud, y varios representantes de las dieciocho comisiones que están trabajando en su preparación.

La Iglesia del Ecuador, acogiendo la invitación del Papa Benedicto XVI, y renovando su opción preferencial por los jóvenes, instauró, en el año 2008, las Jornadas Nacionales de la Juventud, y se propuso celebrarlas cada tres años.

La primera jornada se realizó en Guayaquil, en el mismo año y con el lema: “Jóvenes, con la fuerza del Espíritu Santo, serán mis testigos” (He 1,8). En esa oportunidad se eligió a Cuenca como sede de la II Jornada Nacional de la Juventud. Como Iglesia Arquidiocesana, y de una manera particular a través de la Comisión de Juventud, hemos asumido este reto que espera contar con la presencia de 8 a 10 mil jóvenes de todas las diócesis del país.

El tema y lema de esta II Jornada Juvenil es: “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (cfr. Col 2,7). Con este lema, entre otras cosas, nos proponemos: a) Favorecer el encuentro personal con Cristo; b) vivir una experiencia de Iglesia; y c) transformar a los jóvenes en entusiastas y audaces misioneros.


En el lanzamiento oficial de la II Jornada Nacional de la Juventud

Esta II Jornada  es para todos los jóvenes sin distinción de raza, género, posición social, económica, política y religiosa, pertenezcan o no a grupos juveniles o movimientos apostólicos. Los participantes se hospedarán en las casas de las familias cuencanas de las parroquias urbanas y suburbanas. En ellas tendrán la oportunidad de sentir el cariño y la hospitalidad de sus hermanos en Cristo, que gustosos les acogerán en sus hogares.

Entre los momentos más significativos de la II Jornada están: La Eucaristía de Apertura, del viernes 20 por la mañana y el concierto por la tarde; las 13 catequesis juveniles y la Vigilia del sábado 21; y la Eucaristía de Clausura del domingo 22, con la presencia de los jóvenes, de las familias que los hospedaron y del pueblo católico.

En esta ocasión, queremos comprometerles desde ya para que nos acompañen en esta fiesta de la Iglesia de Cuenca con los miles de jóvenes que vendrán de las distintas regiones del país.





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Pensamientos del Pastor: MARÍA, DISCIPULA Y MISIONERA

Enviado por: admin en Viernes, 21 Mayo, 2010 - 01:30 185 lecturas

+ Luis G. Cabrera, ofm

Arzobispo de Cuenca

María, la madre de Jesús, se nos presenta como la más perfecta discípula y misionera, debido a que vivió en profundidad la cercanía e intimidad con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Como discípula, supo escuchar con atención, acoger con alegría, meditar en silencio y vivir con intensidad la Palabra de Dios. María escucha, con sorpresa e inteligencia, la propuesta que el Padre le hace de ser la madre de su Hijo. ¿Cómo será eso, se pregunta? Luego, la acoge y la medita detenidamente en su corazón. Ella percibe que hay cosas que no se comprenden inmediatamente, sino que requieren de tiempo para clarificarlas y descubrir su verdadero significado.

Pero no es suficiente escuchar, acoger y meditar la Palabra de Dios. Es preciso vivirla, es decir, asimilarla y hacerla parte del pensamiento, del sentimiento y de las actitudes, hasta traducirla en obras concretas. La Palabra de Dios se comprende en su auténtico significado sólo si se la vive.

María, como misionera, no retiene la Palabra para sí. Sale de sí misma y se pone en camino; siente la necesidad de compartir las riquezas que ha experimentado en su vida. Por esta razón, va de prisa, por ejemplo, a visitar a su prima Isabel, y con ella celebra la Buena Noticia de la Encarnación del Hijo de Dios; en Caná de Galilea, exhorta a los servidores a hacer lo que su Hijo les diga; en el Cenáculo, anima a los discípulos a ser constantes en la oración. Es así cómo María se convierte en la gran misionera o en la “continuadora de la misión de su Hijo y formadora de misioneros” (DA 269).

A lo largo de la historia, María, como discípula y misionera, ha estado presente en los principales acontecimientos de la evangelización. En nuestra América Latina, junto al humilde Juan Diego, por ejemplo, presidió “el Pentecostés que nos abrió a los dones del Espíritu. Desde entonces, son incontables las comunidades que han encontrado en ella la inspiración más cercana para aprender cómo ser discípulos y misioneros de Jesús” (DA 269).


La Virgen María fue la primera discípula de Jesús

En nuestro tiempo, cuando “se quiere resaltar el discipulado y  la misión,  María brilla ante nuestros ojos como imagen acabada y fidelísima del seguimiento de Cristo. Esta es la hora de la seguidora más radical de Cristo”: María, la discípula y misionera (cfr. DA 270).

En este mes de mayo, dedicado a honrar a María, que ella, como discípula, nos enseñe a escuchar, acoger, meditar y vivir la Palabra de Dios; y, como misionera, nos dé la audacia, la generosidad y la creatividad para ir por el mundo anunciando la Buena Noticia de Jesús.





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Pensamientos del Pastor: UNA TAREA COMPARTIDA

Enviado por: admin en Lunes, 17 Mayo, 2010 - 01:16 141 lecturas

+ Luis G. Cabrera, ofm

Arzobispo de Cuenca

En muchos ambientes, hasta hace poco, se pensaba que la mujer debía hacerse cargo exclusivamente del hogar y la familia; y el varón de la sociedad. Pero, en las últimas décadas, se ha puesto de relieve que tanto la mujer como el varón son corresponsables del hogar y de la sociedad. Es muy grato, por ello, constatar la presencia de muchas mujeres en los diversos ámbitos de la sociedad; y la de varios hombres en el hogar. Sin embargo, todavía nos hace falta superar la visión patriarcal, que tiende a relegar a la mujer únicamente al espacio privado del hogar; y también la concepción de algunos movimientos feministas, que pretenden reducir su misión únicamente al campo socio-cultural.

En una sociedad marcadamente machista, es importante escuchar el clamor, muchas veces silenciado, de las mujeres que son sometidas a tantas formas de exclusión y violencia, en todas las etapas de su vida (cf. DA 454).

Esta realidad nos compromete a trabajar para que las mujeres sean incluidas plenamente como ciudadanas en la sociedad. Lo cual significa: respetar su integridad corporal, moral y espiritual; rechazar toda forma de violencia física, psicológica y sexual; y reconocer su autonomía para pensar, decidir y obrar de la mejor manera.

María, la madre de Jesús, en su canto del Magníficat, se presenta “como una mujer capaz de comprometerse con su realidad y de tener una voz profética ante ella” (DA 451). Por eso, María antes de ser madre y esposa, es un modelo de mujer comprometida con la realidad social de su pueblo.

En el ámbito eclesial, el Documento de Aparecida también afirma: “urge que todas las mujeres puedan participar plenamente en la vida eclesial…” (DA 545). Es de suma importancia, por ello, que la mujer no sea considerada como una simple colaboradora del varón, sino protagonista de la vida de la iglesia. Esto es más urgente si se tiene en cuenta que las mujeres son mayoría en las comunidades eclesiales y las primeras transmisoras de la fe (cfr. DA 455).


Tanto el varón como la mujer deberían
distribuirse las tareas cotidianas

La figura de María, igualmente, es fundamental para recuperar la identidad de la mujer y su valor en la Iglesia (cfr. DA 451). María aparece activa, libre, valiente y  protagonista de su historia particular. Esta imagen supera aquella que, muchas veces, ha sido utilizada para promover la sumisión, la debilidad y el silencio y, de este modo, consolidar la discriminación y la opresión de la mujer, tanto en la sociedad como en la Iglesia.

La mujer y el varón, por consiguiente, están llamados a compartir, con alegría y generosidad, las labores de la familia, de la sociedad y de la Iglesia.





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Pensamientos del Pastor: DIA DE LA MADRE

Enviado por: admin en Lunes, 10 Mayo, 2010 - 12:00 118 lecturas

+ Luis G. Cabrera, ofm

Arzobispo de Cuenca

El segundo domingo de mayo celebramos el “Día de la Madre”. Una oportunidad para honrar a tantas mujeres que, de una u otra manera, viven con intensidad y alegría esta dimensión de la maternidad.

Hasta no hace poco, la misión de la madre se concentraba casi de una manera exclusiva en el hogar. No se le permitía acceder a otras responsabilidades de tipo social o político. Pero esta realidad ha ido cambiando. Hoy, es muy frecuente encontrar a muchas mujeres ocupando cargos tanto a nivel público como privado. Esta situación ha llevado a repensar su papel dentro del hogar y del trabajo.

En este día, generalmente, se exaltan las cualidades de la madre, como su amor incondicional, su aguda  inteligencia y su firme voluntad para afrontar las dificultades. Asimismo, se resaltan los valores de la ternura, la paciencia, la constancia y la generosidad como los más característicos de la maternidad. En sintonía con esta práctica, quisiera saludar y felicitar:

A todas las madres, independientemente de su situación moral, social, económica y religiosa, por creer en la vida como algo digno de ser valorado, amado y defendido.

A las madres solas o abandonadas, por su tenacidad y serenidad para afrontar la adversidad de la vida y sacar adelante sus hogares.

A las madres profesionales, por armonizar sabiamente su tiempo para cumplir a cabalidad tanto las responsabilidades del hogar como las del trabajo.

A las madres adoptivas, por su entrega amorosa a tantos seres huérfanos o abandonados y que tanto necesitan de su presencia, apoyo y dedicación.


La madre cumple una misión especial en la Iglesia y en la sociedad

A las madres enfermas, porque, incluso en medio del dolor y soledad, saben conservar la paz y la esperanza.

A todas las madres de la cultura que, sin haber concebido biológicamente, contribuyen con su ingenio y esfuerzo al desarrollo de la ciencia, del arte, del deporte, de la economía, de la salud, de la política, de la religión y de la ecología, para hacer de este mundo físico y social un espacio más humano, justo y solidario.

A las madres adolescentes y solteras, por su generosidad y la valentía con que acogen el don de sus hijos sin importarles “el qué dirán” en una sociedad permisiva y a la vez discriminante.

Mi saludo a todas las mujeres que sueñan con ser madres y se preparan para amar y defender a sus hijos de cualquier tiranía que pretenda usurparles de sus manos.

En esta celebración de la Madre no puede pasar desapercibido el nombre de María, la madre de Jesús. Una mujer que hizo posible que el Dios de la vida habitara entre nosotros.  ¡Muchas bendiciones, queridas Madres!





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Pensamientos del Pastor: DIA DEL TRABAJO

Enviado por: admin en Lunes, 03 Mayo, 2010 - 12:00 119 lecturas

+ Luis G. Cabrera, ofm

Arzobispo de Cuenca

El 1 de mayo celebramos el “Día del Trabajo”. Históricamente, un día como este, en 1886, más de 200.000 trabajadores iniciaron una huelga en Chicago, donde sus condiciones de vida eran indignas de seres humanos. Con estas movilizaciones lograron que se respetara la máxima de: “ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa”.

En la actualidad, el trabajo intelectual, manual, artístico, mecánico, deportivo, entre otras formas,  es valorado, principalmente, como un medio de subsistencia, de realización personal y de servicio a la colectividad. Desde el punto de vista cristiano, el trabajo también participa de la obra creadora, salvadora y santificadora de Dios.

Como bien sabemos, mediante el trabajo conseguimos los recursos para satisfacer nuestras necesidades humanas, empezando por las básicas, como alimentación, vivienda, vestido, salud, educación, recreación, descanso, entre otras.

El trabajo, asimismo, nos permite desarrollar todas nuestras capacidades físicas, psíquicas y espirituales, como la imaginación, la inteligencia, la voluntad y el ingenio. Quien no trabaja fácilmente se pierde en el aburrimiento y en el sin sentido de la vida.

El trabajo es también un servicio a la sociedad. Con nuestros talentos y esfuerzo cotidiano contribuimos a la construcción de un mundo humano más armónico, justo y solidario. El trabajo sigue siendo la fuente de crecimiento de todos los pueblos.


El trabajo, en cualquiera de sus ámbitos,
dignifica a la persona

Para el cristiano, el trabajo participa también de la obra creadora de Dios. Los inventos científicos y técnicos realizados a lo largo de la historia son una prueba de ello.  

El trabajo nos asocia a su obra redentora en cuanto nos permite liberamos de toda forma de dependencia y explotación social y económica y salir de la pobreza y la miseria.

El trabajo humano, asimismo, es parte de su obra santificadora porque nos ayuda a cultivar los grandes valores morales y espirituales, como la honestidad y responsabilidad, el amor y el respeto, la justicia y la solidaridad, que son las fuentes de toda bendición y santidad.

En esta oportunidad, quiero saludar a todas las personas que trabajan en las distintas  instituciones públicas y privadas, en las fábricas y en los talleres de las más diversas ramas.

Que el Señor nos dé la sabiduría y la fuerza para que, mediante  el trabajo digno y honrado, además de conseguir el sustento diario, podamos realizarnos como personas y contribuir al bienestar de toda la sociedad. Esta será la mejor manera de colaborar también con la obra creadora, redentora y santificadora de Dios.





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